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Medvédev, el desparejo

Especiales 09 de septiembre de 2019 Por
El flaco Medvedev, 10 años menor que el Rafa Nadal, finalmente perdió, se le fue entre las manos, venía un poco golpeado de partidos anteriores, pero le quito supremacía al español que terminó abrazo a una suerte de aspiradora entre gestos de beneplácito. Medvedev, nos dejó una final que se burla de la técnica, se enreda en el aire y sale disparado por piernas flacas, Medvedev elegante y pragmático en su desorden. Ruso, sos uno de los nuestros.

Por Jorge Cornejo/Periodista y Escritor. 


El domingo 8 de septiembre se jugó la final del abierto de los Estados Unidos. Ganó el español Rafael Nadal, y de esta manera llega a su 19ª conquista en Grand Slam. Un groso total del tenis en términos de fuerza y perseverancia. Una máquina de yeites o tics que van desde la caricia nasal, el ajuste de los pelos detrás de las orejas y el acomodamiento final en la parte posterior del gladiador español que, junto a la vincha que sostiene un severo problema capilar, mantuvieron expectante a los millonarios que asistieron a esa jornada interminable de más de 4 horas de juego.

La contienda de fuerzas individuales, la fortaleza emocional y la terquedad de los jugadores que insistían en devolver la pelotita, uno a otro, hasta la exasperación, nos permitió develar lagunas características de este selecto deporte, y especialmente al contrincante del ganador, el ruso Daniil Serguéyevich Medvédev, o Medvedev a secas.

Las primeras dos horas de partido fueron para el español, que hasta ese momento contaba con la algarabía y apoyo de la mayoría del público. Los yeites funcionaban, los pasos cabuleros después de cada set por parte de Nadal marchaban sin queja ni conjuro. El ruso Medvedev, impasible, comenzaba a construir desde el fondo de la cancha su propio tótem, se erigía en silencio y todos, público y televidentes girábamos hacia él, cada vez más seguido buscando la verdad de su tenis, cerrando el puño con cada ace que metía, con cada arremetida a la red.

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Luego de 3 horas de juego los periodistas, relatores y comentaristas, si es como en el fútbol, comenzaban el trotecito fino camino hacia panquequismo, tan en boga dentro del periodismo político hoy en la Argentina.

¿Avizorando, quizás, la debacle del español a manos del ruso que a saques limpios y velocidad de piernas se imponía en el horizonte como la tormenta que vemos avanzar inexorable? Difícil dilucidar el móvil periodístico, se sabe de la esgrima semántica de los comunicadores para nadar las aguas de la ambigüedad. El público por su parte que tibio había festejado algunos puntos del ruso Medvedev, se entusiasmaba a cada minuto que pasaba.

El bueno de Nadal, desorientado y sulfurado, por momentos, venia cómo Medvedev, saltaba en el aire y enredaba sus piernas antes de pegarle a la pelota, movimientos estrafalarios suspendidos en el aire daban cuenta del éxito creciendo a cada pegada. Llegadas a las 4 horas de juego el público, lejos de la euforia futbolera, casi extrañados, comenzaron a corear el nombre del ruso en franca separación de sílabas: Med ve dev, Med ve dev y alguno que otro abucheaba al transpirado Nadal, que azorado, juraba venganza por dentro y perdía primeros saques por exceso de yeites y tiempo. Medvedev, flaco, alto y de dudosa masa muscular seguía en la misma sintonía, aunque cuando se las vio negras pidió al público últimos gestos de panquequismo a su favor. El público accedió, afiebrado, sin dudarlo.

El flaco Medvedev, 10 años menor que el Rafa Nadal, finalmente perdió, se le fue entre las manos, venía un poco golpeado de partidos anteriores, pero le quito supremacía al español que terminó abrazo a una suerte de aspiradora entre gestos de beneplácito. Medvedev, nos dejó una final que se burla de la técnica, se enreda en el aire y sale disparado por piernas flacas, Medvedev elegante y pragmático en su desorden. Ruso, sos uno de los nuestros.

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