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Semana nacional del panqueque

Información General 18 de agosto de 2019 Por
Un análisis tras las PASO sobre las consecuencias del veredicto democrático y la configuración de alianzas extrapartidarias.
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Por Santiago Ibarra (*)

El pasado domingo los resultados electorales echaron luz sobre las grandes usinas del discurso público. El conjunto heterogéneo de solidaridades, partidarias y sociales se impuso en las urnas tras cuatros años de descalificaciones de los principales conglomerados mediáticos, en una posible apuesta del electorado a detener la sangría gradualista de la economía familiar y a obtener mayores previsiones sobre el alza de precios.

Sin embargo, la puja entre los deseos del elenco gubernamental y la visibilización de un juicio crítico hacia la conducción del Estado abrieron la disputa simbólica sobre las consecuencias del veredicto democrático y la configuración de alianzas extrapartidarias.

“El mercado es un fenómeno distinto a la política local y toma sus posiciones”, deslizó el presidente Mauricio Macri al reconocer su derrota electoral. La suba del dólar del viernes 9 al lunes 12 de 46,55 a 62 fue la excusa del oficialismo para suplir la pérdida de legitimidad representativa en un liderazgo de tareas para, a través de la pretendida “confianza del mundo”, pilotear la tormenta cambiaria frente al “pasado”. Y, con ello un riguroso deber de rendir cuentas a una entelequia financiera, ante el humor social adverso de quiénes renunciaron al goce meritocrático en la espera de un segundo semestre: el error persistente del apego a un espíritu capitalista, que no participa de proyectos ajenos. Ni empatiza con fragilidades personales.

Sin embargo, la percepción de una débil autosuficiencia política fue advertida el martes por los socios radicales de la coalición cambiemita. Tras una nueva conferencia y tardíos pedidos de disculpas del presidente por cadena nacional, Mario Negri y Alfredo Cornejo raudamente exhortaron a la responsabilidad de Alberto Fernández en la estabilidad política, y a establecer acuerdos de gobernabilidad ante la emergencia económica surgida de la jornada del lunes.

Paradójicamente, dos días más tarde en el CCK el encuentro del Gabinete Ampliado, el virulento discurso de Carrió conquistó la audiencia con prolongados aplausos. Sabido es que un acuerdo de gobernabilidad sólo puede sostenerse bajo la limitación de antagonismos retóricos y un consenso provisorio sobre la administración pública. La oscilación del oficialismo, demonizando al adversario al socializar su derrota y convocándolo al auxilio, resulta escasamente cooperador con la pretendida unidad de los argentinos para atravesar el proceso económico rumbo a las próximas elecciones.

La variable en discusión es la responsabilidad de la palabra presidencial, bajo la tentación de la pasión tribunera. El Frente de Todos ha dado un primer aporte al respecto, con una apenas un señalamiento sobre los costos fiscales que suponen las exenciones fiscales (IVA, monotributistas).

El escenario ha trastocado el ajedrez político en un Otello. El ansía por el capital de la credibilidad, que ha terminado por traslucirse obscenamente en el renovado cuestionamiento a la gestión económica y el cambio valorativo sobre las cualidades de los candidatos por parte de los principales publicistas, ofrece a los invitados oficialistas la pérdida de un trato decoroso. Al mismo tiempo, empresarios referentes del coloquio de IDEA se han pronunciado con interés para dialogar con el candidato Alberto Fernández, expresando reclamos al gobierno actual sobre el plan económico y la composición del gabinete. 

Receloso del aislamiento, el establishment participa de la inversión de las fichas que facilita la captura de la totalidad por el jugador. Las relaciones utilitarias no conocen de fidelidades.

(*) Profesor de Ciencias Políticas

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