COMUNIDAD NEP banner

El pan y la libertad no se piden, se toman

Especiales 17 de agosto de 2019 Por
Pasan los años pero hay cosas que no cambian. La connivencia entre policías y empresarios; la represión; los muertos por la espalda; los cuerpos que no se quieren entregar; las falsas acusaciones; la xenofobia de las autoridades….en fin, estos hechos bien podrían haber sucedido, por ejemplo, en 1976 o a los 19 años del siglo XXI.
PARA-TI-SOLEDAD-ROSAS-1

Por José Luis "Pepe" Berra/ Escritor y periodista. 

Hombre dedicado a los negocios de importación y exportación, Ernesto Tornquist, además latifundista y financista, decide en 1887 fundar en la ciudad de Rosario, el establecimiento industrial más grande del país: la Refinería Argentina de Azúcar. Setecientos trabajadores empleaba. “Alrededor se ha formado un barrio de casitas y ranchos para los obreros, que lleva el nombre de la fábrica y se continúa con las que ocupan los obreros de los ferrocarriles y embarcaderos”, dirá Bialet Massé en su Informe sobre las clases obreras en el interior de la República Argentina.


Transcurrido el primer año del siglo XX, un viernes 18 de octubre, un grupo de obreros se reúne en el galpón El Atrevido, que hacía las veces de conventillo también. Deciden formar el Sindicato de Obreros de la Refinería. Son 200 trabajadores, entre ellos algunos anarquistas. Redactan un pliego pidiendo el doble jornal por un día feriado trabajado, reducción de la jornada de trabajo a 8 horas, y aumento de salarios.


La solicitud es rechazada de plano por los patrones. A las puertas de la fábrica colocan un cartel advirtiendo que se suspenderán a los operarios que no retomen las tareas el día lunes. La huelga es inevitable y se inicia. El dramaturgo Florencio Sánchez será el encargado de escribir el panfleto llamando al paro de actividades. “¡A los huelguistas obreros y obreras de la Refinería!: El trabajo rudo y penoso al cual estamos sometidos, los dolores, las miserias y las prepotencias de los patrones nos han obligado a cruzar los brazos”, estampará en el papel.

Luego de hacer un encendido llamado a la lucha porque “el pan y la libertad no se piden, se toman”, exhortar a los soldados a no reprimir ya que “son hijos del pueblo”; concluirá: “Todos somos explotados y por consiguiente debemos unirnos para combatir el capital. ¡Viva la solidaridad obrera! ¡Viva la huelga!”.
El domingo 20, mientras los obreros se agolpan en las puertas de la fábrica para garantizar el éxito de la medida, el jefe político de la ciudad, Octavio Grandoli, al mando de una partida policial, les deja una tranquilizadora respuesta a los directivos: “Yo les voy a arreglar este asunto, muchachos”. Manda a llamar a una comisión de los huelguistas y, entre ellos, divisa al agitador anarquista, Rómulo Ovidi, lo manda a detener. “Este es un anarquista, llévenmelo al Departamento”, dijo Grandoli (que no era el abanderado). Comienza un forcejeo entre los bandos y la represión se desata; un obrero croata –en ese entonces perteneciente al imperio austrohúngaro-, llegado un par de años antes al país y que trabajaba de elevadorista en la Refinería, intenta frenar a los caballos del carro. Recibe un sablazo en el lomo. Asustado, comienza a correr a campo traviesa. Salta un alambrado, otro más y quedó “arrinconado en el tablado de una cancha de bochas”. Recibe un tiro en la nuca. Guillermo Mazza es el policía asesino por la espalda.


Luego se dirá que era vicepresidente de la Casa del Pueblo, anarquista; pero la realidad será que ni la tal Casa del Pueblo tenía presidente ni vice, ni se conocía dentro de los círculos libertarios al obrero. Su cadáver no será entregado hasta que la efervescencia de los trabajadores obliga a las autoridades a acceder al trámite del entierro, siendo un funcionario judicial el que les informa “para que lo sepultaran en el nicho nro.268 que les ponía a su disposición”. Más de un millar acompañará al cortejo fúnebre que era “encabezado por grupo de unas 60 obreras, llevando una de ellas la bandera roja de los trabajadores con gasa negra”.

57297827_10218089234932735_2734400682869129216_n


El suceso causa conmoción entre los trabajadores y, fundamentalmente, en las trabajadoras. El diario La Capital, reproduce al administrador de la empresa que se horroriza: “Esta hoja (el manifiesto escrito por Sánchez) produjo su efecto hasta sobre las mujeres que ocupamos para acondicionar el azúcar en pancitos, quienes desfilaron esa noche en frente de nuestro establecimiento gritando: ¡Viva la anarquía!”. Apenas un tiempo atrás, se había editado el periódico comunista anárquico La Voz de la Mujer, cuyo lema era “Ni Dios, ni Patrón, ni Marido”. Virginia Bolten, obrera de la Refinería, activa militante feminista y de encendido discurso, sería una de las impulsoras del periódico. Bialet Massé, en la obra antes citada, la mencionará de esta manera: “Hay en el Rosario una joven puntana de palabra enérgica y dominante que arrastra a las multitudes. Más enérgica que Luisa Michel, tiene indudablemente mejores formas que ésta”.


También el barrio obrero se revulsionó. El periódico El Municipio señala que “tanto frente a la empresa como en el galpón El Atrevido la actitud de los manifestantes es pacífica”, cuenta que “el suceso sangriento es tema de conversación obligado” y recién, en el cuarto párrafo de la nota, habla de la “indignación causada entre los obreros, quienes no cesan de acusar públicamente y a voz de grito al jefe político Grandoli y al empleado Mazza como únicos causantes del deplorable incidente”.

57023960_10218089233812707_6733829453870268416_n

A la huelga 


El miércoles 23 de octubre de 1901 se lanza la huelga general. Las “sociedades obreras” llamaron para el día siguiente a una marcha que partiendo de plaza López llegará hasta el Circo Taurino (hoy la plaza San Martín), recorriendo 22 cuadras. Como la plaza no fue autorizada para el meeting, la manifestación se detuvo sobre la esquina de Córdoba y Moreno. Desde el techo de un almacén, los oradores harán sus alocuciones de repudio por “el crimen cobarde” del obrero. Se calculó en unas 8 mil personas a los asistentes.


En mayo de ese año se había creado la Federación Obrera Argentina (FOA), la primer central obrera del país. La respuesta del poder no se hizo esperar. El presidente Roca – el mismo exterminador de la campaña del Desierto- promovió la aprobación de la Ley 4144, conocida como “de residencia”, que permitía la expulsión a sus países de origen de los extranjeros “indeseables”, es decir, los militantes sindicales y sociales. El autor de esta iniciativa fue Miguel Cané, autor de la novela Juvenilia.


Una semana entera la ciudad estuvo conmocionada por los hechos de la Refinería. Cosme Budislavich, ese obrero croata, llegado a la Argentina en 1899 y que consiguió conchabo manejando el elevador de la Refinería, fue la primera víctima del movimiento obrero argentino. El periódico La Protesta Humana señalará: “Crímenes inauditos pesan sobre la autoridad, ese flagelo secular de los pueblos. Su pasado es un abismo de inequidades, su presente un presente de crímenes horrendos, su historia toda mana sangre…”. 


Un largo y sinuoso reguero de sacrificios le seguirá en la lucha por los derechos y la justicia social. Pero esas son otras historias.


Pasan los años pero hay cosas que no cambian. La connivencia entre policías y empresarios; la represión; los muertos por la espalda; los cuerpos que no se quieren entregar; las falsas acusaciones; la xenofobia de las autoridades….en fin, estos hechos bien podrían haber sucedido, por ejemplo, en 1976 o a los 19 años del siglo XXI.

GIF REMERA CATALEJO

Te puede interesar