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La mentira

Información General 23 de mayo de 2018 Por
Sobre la posverdad en tiempos de Cambiemos y neoliberalismo. Una nota de Alejandro Romero.
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Busco buenas noticias, hurgo, se que las hay pese a todo, pero como sonido sordo ensordecedor y permanente, lo terrible de la realidad me abofetea, me empuja  y me pasa por arriba

Busco la verdad, que me digan certezas pero me encuentro con “posverdades” o también definida como mentira emotiva; es un neologismo que describe la distorsión deliberada de una realidad, con el fin de crear y modelar la opinión pública e influir en las actitudes sociales, en la que los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales.

En cultura política, se denomina política de la posverdad (o política posfactual) a aquella en la que el debate se enmarca en apelaciones a emociones desconectándose de los detalles de la política pública y por la reiterada afirmación de puntos de discusión en los cuales las réplicas fácticas -los hechos- son ignoradas. La posverdad difiere de la tradicional disputa y falsificación de la verdad, dándole una importancia "secundaria". Se resume como la idea en "el que algo aparente ser verdad es más importante que la propia verdad".

Para algunos autores la posverdad es sencillamente mentira (falsedad) o estafa encubierta con el término políticamente correcto de “posverdad”, que ocultaría la tradicional propaganda política y el eufemismo de las relaciones públicas y la comunicación estratégica como instrumentos de manipulación y propaganda.

En consecuencia y según estas definiciones, estamos hablando de LA MENTIRA, que según se explica es una declaración realizada por alguien que sabe, cree o sospecha que es falsa en todo o en parte, esperando que los oyentes le crean, de forma que se oculte la realidad en forma parcial o total. Una cierta oración puede ser una mentira si el interlocutor piensa que es falsa o que oculta parcialmente la verdad.

En función de la definición, una mentira puede ser una falsedad genuina o una verdad selectiva, exagerar una verdad, si la intención es engañar o causar una acción en contra de los intereses del oyente. Las ficciones, aunque falsas, no se consideran mentiras. Mentir es decir una mentira. A las personas que dicen una mentira, especialmente a aquellas que las dicen frecuentemente, se las califica de mentirosas. Mentir implica un engaño intencionado y consciente; entonces deduzco que el presidente miente cuando dice que “es mentira que las tarifas son carísimas”.

Esto parece una contradicción o un juego de palabras, pero no cabe dudas que aquí alguien miente o dice una posverdad.

Alguna vez me dijeron, mientras estudiaba comunicación social, que para evitar conflictos no hay que decir “usted miente”, sino que habría que expresarse diciendo “usted falta a la verdad”; entonces si el que miente, en este caso el presidente argentino y todo su séquito de funcionarios está faltando a la verdad, está manifestando una postverdad, es decir una mentira.

Parece ser que los que mienten son los que se quejan porque según el presidente las tarifas no son carísimas, o sea que no son en grado superlativo caras, es decir que, según justifica el presidente no supera mucho el valor o la estimación por encima de lo normal, la elevación del precio o de la inflación.

Pero etimológicamente hablando, esto no invalida que sea caro; o sea que hay un problema que el señor Macri niega, que es la verdad: las tarifas de movida son caras y de ahí según quien deba pagarlas pueden ser carísimas o directamente impagables.

Y aquí pasamos de los semántico, etimológico y gramatical a los social; el señor presidente verdaderamente está rodeado, no sÓlo por el pueblo que se queja, sufre y muere sino también por sus socios y sus acreedores a los cuales el erróneamente cree que son sus amigos y por eso miente cuando dice todo lo que dice, como lo dice y a quien se lo dice. Cuando coloquialmente quiere explicar su verdad, patina y automáticamente miente, no sÓlo con sus palabras sino con sus gestos, con su tono de voz engolado, de papá bueno o jefecito piola.

Lamentablemente no conozco cómo es el lenguaje corporal, ni como interpretarlo, pero aun así, cuando lo oigo lo veo; sÉ que miente, se le nota, se percibe.

Esa es su política de Estado: mentir sistemáticamente, desde la campaña electoral hasta hoy para, como dice parte de la definición de posverdad: la idea en "el que algo aparente ser verdad es más importante que la propia verdad”.

Y así muchísimos pobladores de este país le creyeron y entonces hoy nos gobierna la mentira a través del odio y la venganza, a lo que se le suman los millonarios negocios de los pocos millonarios que mintiendo llegaron al gobierno.

Pero hay una cosa que hoy está mas clara que nunca: La única verdad es la realidad.

 

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