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Un relato desde adentro

Información General 22 de abril de 2018 Por
"El principal acto de violencia ya había sido cometido" escribe el periodista Alejandro Romero en su crónica, en referencia a la votación del Concejo Deliberante que dejó a Trenque Lauquen sin emergencia tarifaria.
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Por Alejandro Romero

Estaba allí, mirando, con la curiosidad de un inexperto en estas lides. Mirando cómo los concejales se acomodaban, cómo la gente que había ido a escuchar, con mucha esperanza algunos, con escepticismo otros, pero todos esperando, esperanzados.

La rutina burocrática de los procedimientos no amilanó a los presentes, pero empezó a generar fastidio, algunas palmas insinuaron la situación, luego el reclamo fue más estridente.

Los concejales, la mayoría, se movían inquietos en sus bancas; en sus rostros había inquietud y molestia. La calma era expectante; ante el murmullo creciente como un mar, se votó la alteración del orden del día por pedido de la concejal Angelini.

Comenzaron los fundamentos del porqué se pedía lo que se pedía, pero también comenzaron las miradas, los gestos de la bocas. De la sorpresa se pasó, mejor dicho se atravesó la delgada línea de la burla, el desdén, la socarronería. Y eso se percibía a la distancia.

“¿De que te reís?” dijo alguien increpando a varios concejales oficialistas que hacían alarde de saberse impunes. Esas palabras cruzaron el aire. No hubo respuesta, sólo otro gesto burlón.

Algunas mujeres presentes aún tenían esperanza que la coherencia humana de la responsabilidad solidaria impulsara alguna esperanza.

El clima era tenso, las voces se alzaron, a manera de discurso hubo cánticos que exigían respuesta, expresaban dolor y angustia por saberse acorralados: o alimento a mi familia o le pago el aumento a las empresas.

Como cuando sobre la hora final se va a patear un penal que define el partido, hubo tenso silencio cuando el presidente del cuerpo pidió que se votara.

El resultado fue ambiguo: para la bancada oficialista fue gol, habían ganado y sus caras de una felicidad contenida lo reflejaba, paladeaban muy sutilmente; para el resto y para los ciudadanos que habían ido a ver si era posible el sueño, la esperanza se hizo trizas contra el suelo. Las lágrimas afloraron, las gargantas gritaron su desesperación, los niños que acompañaron a sus padres y madres no entendían, lloraban, se abrazaban a sus cinturas, preguntaban “¿qué pasa mamá?”.

Del otro lado de la baranda que separa al pueblo de los concejales había desazón, pero también mucha soberbia y al mismo tiempo sorpresa. Las concejalas oficialistas abrían los ojos desencajadas, la comisuras de sus labios apuntaban al piso, en el estrado se gesticulaba. Las manos y los dedos de la gente apuntaban, las voces gritaban explicaciones que rebotaban contra un muro de silencio aséptico, incólume. A los que les pesaba unos gramos la responsabilidad y el inconsciente les taladraba los pensamientos, se movían incómodos, se escondían detrás de las mamparas como para evitar ver el resultado de su acción.

Detrás de otros bastidores, algunos pagos querían parar la protesta, más que con argumentos con hechos, pero se contenían entre ellos, otros tantos esperaban la orden oficial para callar la boca de los despojados por el resultado de la votación.

Los que no gritaban lloraban su impotencia, se sabían cayendo en un pozo sin fin, sintiendo el dolor que el pisotón en sus dedos por parte de esos 10 seres, los (nos) habían hecho soltar el borde resbaloso de la injusticia de donde estaban (mos) agarrados.

El principal acto de violencia había sido cometido y como explicó el sacerdote Dom Hélder Cámara  “En todas partes las injusticias son una violencia y se puede decir, que la injusticia es la primera violencia de todas la violencias, la violencia número uno”. (Hélder Cámara, Espiral de la violencia.)

Después vinieron los títulos y los documentos amenazantes que tildaban a las víctimas del avasallamiento, como “violentos”, los segmentaban como “manifestantes”, como si eso fuera delito y para rematar la andanada de diatribas, desde el seno del centenario sector político que levantó la mano contra los vecinos que reclamaban que frenaran el abuso, se redactó un texto que tiene característica de amenaza encubierta: ”están individualizados”. ¿Qué significa eso?, ¿habrá represalias por protestar y expresar su desesperación por no poder pagar los servicios esenciales?, ¿qué quiere decir ese “individualizados”?, ¿están señalados?, ¿como cuando los nazis señalaban con la estrella de David a los judíos?, como cuando se estigmatiza como negros, zurdos, pobres, kirchneristas, fundamentalistas, ambientalistas… a aquellos que muestra su disconformidad con el statu quo y el establishment?.

Duele y mucho porque se sabe que esta situación no termina aquí, por más que se la quiera ocultar o negar, por más que se pretenda justificar priorizando el mercado y los negocios a la dignidad humana. Estos iniciales 10 a los que se le sumaran muchos cientos más, están avalando esa prioridad olvidando que su victoria del viernes a la noche es pírrica que, por si alguno de los concejales victoriosos no sabe, su significado es el siguiente: El nombre proviene de Pirro, rey de Epiro, quien logró una victoria sobre los romanos con el costo de miles de sus hombres. Se dice que Pirro, al contemplar el resultado de la batalla, dijo "Otra victoria como ésta y volveré solo a casa"

Esperemos que esto no sea el comienzo del fin, ni la continuidad de hechos y resoluciones más tremendas a favor de los poderosos y en contra del pueblo.

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