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Todo un día plantando futuro

Derechos Humanos 27 de marzo de 2021 Por Pablo Carabelli
Una crónica de Pablo Carabelli sobre las actividades realizadas en Trenque Lauquen en el marco del Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia.
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Se plantó Memoria en la Plazoleta Juana Azurduy. La Generala, que no se ganó ese espacio público sin esfuerzo, asistió desde el cartel a la amorosa integración de un joven Brachychiton, entre los arbustos y árboles que ya venían disfrutando el haber dejado de ser parte de un paraje signado por el nombre del fusilador Aramburu. La idea fue de las integrantes del Parlamento de la Mujer, es decir que una vez más son agrupaciones feministas las que “ponen lo que hay que poner”: lucidez, creatividad, empuje, compromiso, alegría en la lucha fraterna.

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Se plantó Memoria en la calle Ricardo Alberto Frank. Cuatro generaciones de la familia de Riki asistieron a un homenaje que englobó a lxs 30.000 detenidxs desaparecidxs, pero a la par enfocó particularmente la historia del estudiante de Arquitectura de la UBA, secuestrado a los 21 años. María Paula dijo no saber por qué este tío desconocido (al cual, sin dejar de ser joven, ella superó en edad hace ya unos cuantos años) era una de sus “personas favoritas”. O más bien sí dijo saberlo: la solidaridad, las ansias de justicia social del “tío Riki” eran motivo más que suficiente para inspirarla, y compartir con su abuela, su tía y sus hijas estos momentos de reconocimiento, leyendo con un hilo de voz que salía por detrás de una cortina de lágrimas vertidas sobre el papel, contagiosas gotas de emoción que resbalaban para regar el suelo donde un fresno rojo buscará crecer.

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En Plaza Francia no se plantó un ser vivo capaz de transformar la luz, pero se distribuyeron como raíces en numerosos hogares de la ciudad hilachas blancas, y también rojas, del “Presente” continuo desde hace 21 años. Esos Hilos de la Memoria, entretejidos junto con lxs 30.000 compañerxs, fueron ramificándose en manos diversas, de Hermano, de Prima, de Amiga, de Amor de Juventud, de Concejal, de Intendente, de Reportero Gráfico de toda movilización ligada a la defensa de los DDHH, de Hija de un Compañero que ya no está físicamente, de Integrantes de un Taller de Radio que nunca deja de tener la palabra. No faltaron las manos temblorosas al recibir el sobrecito transparente con hilachas que hace mucho dejaron de ser sólo material plástico, no faltó el desconsuelo condensado a partir de tales Hilos de la Memoria, y el llanto como caudal incontenible que siguió regando suelos, para que los sueños rebroten y florezcan. En el hermoso paseo público también se hicieron presentes las cuatro generaciones de familiares, aportando desde la serena lucidez que brindan los 96 años de Doña Lidia hasta la mirada sorprendida y curiosa de la pequeña bisnieta que ya en noviembre de 2020 debutara, pincel en mano, en el arte de repintar pañuelos blancos.    

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También se plantó Memoria, pero sobre todo Arte comprometido con el pasado, el presente y el futuro, en el teatro de la calle Saénz Peña al 250, que más que vereda y calle fue Teatro abierto al público, abierto a la inteligencia, abierto a la emoción tan recurrente como suscitada por intervenciones originales, en registros variados pero homogéneos en su capacidad de generar admiración. Los integrantes del CEARTE no dejan de sorprender con su profesionalismo, con su dedicación al momento de encarnar distintos aspectos ligados al genocidio que sufrimos.

“Cardo Ruso” y “La Armando Bó” se tocaron todo en la Plaza de la Memoria, y nos recordaron que a los genocidas les va a pasar lo mismo que a los nazis. No parecieron satisfechos con tamaño despliegue, porque reaparecieron al final de la cuarta edición del Arte por la Memoria, para volver a “tocarse todo”, para volver a entonar el “Olé, olé, olé, olá” que hacía tanto tiempo no cantábamos con fervor. ¿Habrán llegado desde la Plaza hasta la calle Saénz Peña volando en pañuelos blancos? No lo sabemos, pero sus brazos parecían tener la energía que sólo puede proporcionar el compromiso militante con una causa justa.

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Con todo lo que vivimos este 24 de marzo, con todas las emociones compartidas entre más choques de puño que abrazos y besos (por esta vez), ¿habría que decir algo sobre lo que graznaron cierto ex presidente o cierta ex ministra de Seguridad y de Trabajo de sendos Gobiernos de ajuste fácil y endeudamiento criminal? Para nada, salvo reafirmar que a Estela Barnes de Carlotto la queremos mucho y la admiramos más, porque lo que la avala desde hace décadas son sus actos, más allá o más acá de opiniones puntuales sobre temas diversos (todo lo contrario de lo que ocurre con aquellos que sacando un comunicado piensan que pueden ponerse a la altura de una mujer que ha hecho Historia: a Estela no le llegan a los tobillos, pero de eso ya tendrán tiempo de darse cuenta).

24 de marzo de 2021 en Trenque Lauquen: no fue un día más, porque los Hilos de la Memoria se vienen entretejiendo desde hace décadas, sin prisa pero sin pausa. Y ya despunta la renovación en los rostros, en las voces, en las manos que empuñan pinceles pintando pañuelos blancos, en otras manos que ayudan para instalar un equipo de sonido que amplifique los decires durante un nuevo encuentro en el Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia. Hay Futuro en “Laguna Redonda”, si de traer al Presente las historias y el ejemplo de los militantes por un país mejor para todes se trata...            

Fotos: Parlamento de la Mujer/Centro Cultural Patri Bicentenario/Javier Tiseira/Ce.Ar.Te.      

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