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Permiso para el asombro y la admiración

Géneros 31 de diciembre de 2020 Por NEP Cooperativo
Pedir permiso, asombrarse y admirarse: tres posibles respuestas ante el fenómeno que conmovió la República Argentina este fin de año pandémico (el 30 de diciembre de 2020 se concretó ese “Que sea Ley” tantos años demorado).
cleta

Por Pablo Carabelli

Foto: @cle_ta

Lo primero que un varón (Homo sapiens XY) debería expresar al opinar sobre el tema es “¡Permiso, me voy a meter en una cuestión que no me compete!”. Porque todo varón es incompetente en materia de gestación, ¿o no? Desde ese punto de vista, definitivo en cuanto a “falta de aptitud”, como dijera algún Senador durante el debate histórico sólo “nos cabe acompañar” una decisión que resulta ajena (que es de otra persona, que no es propia del macho de la especie).

Lo segundo que se podría plantear es asombro, por la falta de confianza en el tan mentado “instinto maternal” que ostentan quienes defienden el “statu quo” previo a la flamante Ley de I.V.E (“estado de cosas” durante siglos tan favorable al aborto clandestino): por un lado alaban tal instinto cual “maravilla natural”, pero por otro lado no esperan que sirva para que en la mayoría de los casos la persona gestante opte por continuar con su embarazo.

Si tal decisión espontánea de poner el cuerpo (no sólo el útero, sino todos los demás órganos, que le permitirán al endometrio participar eficazmente del mantenimiento del embrión) es un hecho que la naturaleza (y/o los poderes sobrenaturales) consolidaron durante tantas generaciones, ¿por qué temer que la opción de interrumpir el embarazo tendrá una frecuencia mucho más significativa ahora que antes? Si no se obliga a nadie a decidir en un sentido negativo para el desarrollo de nuevos seres humanos, ¿por qué afirman que la nueva Ley abre la puerta a males indescriptibles? ¿No deberían confiar un poco más en la fortaleza de la voluntad de “maternar”? Es raro…

Lo tercero, y lo más importante de todo, para enunciar frente a esta novedosa realidad, es la admiración ante la organización y el empuje de varias generaciones de mujeres (Homo sapiens XX, de entre “diecipico” y “noventa y pico” de años): las “ancestras”, las ya “maduras”, las relativamente jóvenes, las muy jóvenes, las “pibas”, las adolescentes púberes, todas capaces de enarbolar el pañuelo verde en calles y plazas, en escuelas y mesas familiares.

No son todas pero son muchas. No son las únicas convencidas pero tienen convicciones que “movieron montañas”. De nuevo, no obligan a nadie con su lucha plena de alegría y resiliencia, pero lograron abrirle a todas sus congéneres (acá sí, a TODAS) un horizonte con más opciones, con menos opresiones, con mayores posibilidades de escucharse, sin tener que pensar que esa escucha atenta de sí mismas es un “pecado”. 

Ha sido Ley, porque se conjugaron inteligencias, pasiones, razones, exposición de realidades crueles que la clandestinidad de los abortos sin ley depara cada día. Es Ley, y tantos cerebros, asociados en los mismos cuerpos a tantos úteros capaces de gestar, están empezando a decidir en libertad qué desean y qué no.   

 

GIF REMERA CATALEJO

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