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Lo que me pasa a mí con El Almacén

Especiales 02 de agosto de 2020 Por NEP Cooperativo
Un relato sobre el barrio, los vínculos y la soledad. Los almacenes de la esquina y el afecto popular,
bicente

Por Leticia Badino

No sé cuándo lo supe, pero hace rato entendí que las casas en las que iba a vivir cosas importantes, tendrían, necesariamente, un almacén en la esquina.

El primer Almacén de mi vida fue en Santa Rosa. Quedaba en la esquina, como debe ser, cruzando en cruz. Ese era El Almacén de laseñoradelalmacén, Elsa, y sus hijos. Era, definitivamente, un lugar seguro en el barrio. Tanto es así que un día, al volver con mis dos hermanos de la escuela, el peligro se nos topó de lleno en la puerta de casa. ¿Tendría yo 8 años? Tal vez menos. Nacimos cada 2. Tendría yo 7 años, mi hermano 9 y mi hermana 11. Tal vez menos.

Volvíamos solos, caminando desde lejos, después de nuestra tarde en la escuela. Y, el peligro en la puerta de la casa. Entonces, El Almacén. Así, en nuestra ayuda, vino Daniel, el carnicero, hijo de laseñoradelalmacén. Daniel vino. Mató a la araña que nos amenazaba desde la puerta y pudimos entrar a casa. Para mí que Daniel era un carnicero enorme. Un carnicero enorme, con ojos tristes. Así me lo acuerdo.

Y para mí que después, cuando las cosas también fueron peligrosas, alguien volvió a meter un carnicero en mi vida. Trabajaba en un super chino (que nunca será El Almacén), en La Plata. Yo era grande y estaba estudiando, como podía y con lo que tenía. Terminaba a las 10 de la noche. Y cada vez, afuera estaba Hugo, el carnicero. Me esperaba ahí afuera, para irnos juntos en bicicleta. Hasta que un día nos interceptó su mujer, porque la sororidad todavía no estaba tan extendida, y coso. Y entonces me quedé sin guardaespaldas. Pero Hugo me llamaba siempre. Diariamente. Porque El Almacén, el almacén interno digo yo, te hace esas cosas, te junta.

El segundo Almacén de mi vida estaba en la esquina del minidepartamento que fue la primera casita de mi hija mayor. El Almacén del Hugo. Todas las noches, de mi primer embarazo, comí una naranja del almacén. Las del Hugo eran las mejores naranjas del condado. Así que me alimentó a mí, y a mi bebé. con una maravillosa vitamina C.

Emmita nació en agosto del 2006, y en septiembre desaparecieron a Julio López. Eso yo no me lo olvido porque estaba de licencia por maternidad y, mientras le daba la teta a mi hija, veía derrotada las noticias sobre lo que nunca debió pasar. Sobre lo que aún espero, esperamos, respuestas.

La cosa es que, cuando Emma empezó a andar, más de una vez tuve que ir a buscarla a El Almacén. Era como un ritual. Ella corría con sus patas cortas. Yo la miraba llegar. Y luego iba por ella. Y el Hugo, siempre, antes de que me la llevara, la hacía agarrar de un tarro grande, algún caramelo.

El tercer y último almacén de mi vida es el Bicen. Por supuesto, también queda en una esquina.

A mis hijas les digo, si pasa algo cuando yo no esté, corren a lo del tío, y sino al almacén.

Me gustan muchas cosas de El Almacén. Camino la media cuadra que nos aleja y espero ver la sonrisa de alguna niña o niño del barrio. Me gusta mucho verlo al Tomi, siempre con su gorra y su mochila puesta. Él me gusta especialmente porque lo conozco hace rato y tiene una sonrisa hermosa, como todos los buenos. A veces tengo mucha suerte, y me cruzo a dos o tres.

Sin querer suelo detenerme en la forma en la que los niños se relacionan con los que hacen El Almacén. Los escucho, los veo. Cuando están viendo para qué les alcanzan los pesos que tienen. Cuando se les pregunta por la familia. Cuando la Ceci los corre y los hace reír. Para mí, que para ellos, es importante El Almacén. Si una araña se les metiera en el camino, sabrían que ahí están bien.

Algo curioso es la relación de El Almacén con el deporte. Resulta que Daniel, el carnicero de El Almacen de laseñoradelalmacén, era ciclista. Andaba, cuando no era carnicero, con sus calzas y su casco. Y, el Hugo, de El segundo Almacén de mi vida, también era ciclista. Y el loco de El Almacén, uno de los locos de El Almacén de la esquina, el último Almacén de mi vida, resulta que es un tipo que corre. Corre por ahí, corre en el patio cuando hay pandemia, corre con lluvia y corre con alegría.

A esta altura de mi vida, yo no sé bien si soy yo, o es El Almacén. A veces creo que de alguna manera mi cosa con El Almacén es una cosa de la soledad. Yo no sé si la soledad me la metieron o me vino sola. Sé que los que me aman me la cuestionan. Sé que hace que pida perdón. Pero la tengo o me tiene, y no hay con qué darle.

Ahora los chicos de la esquina dicen que lo suyo es un supermercado.

Para mí no es cierto, porque yo, cuando voy, voy al almacén.

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