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Kerosén de lo posible

Información General 15 de julio de 2020 Por NEP Cooperativo
Un nuevo reclamo ante los aumentos desmedidos del servicio eléctrico se realizó esta tarde. La bronca de la gente comenzó en la Cooperativa Eléctrica, se encendió y terminó en la casa del intendente Miguel Fernández. Hubo un fuerte operativo policial como pocas veces visto en una manifestación. Antes de la protesta, el comisario Bartolomé y Claudio Venturi realizaron llamados a vecinas que habían participado del primer reclamo. Se denunció persecución. Desprotección y soledad.
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Por Diego Tiseira

La piba me habla con sus ojos marrones. Es lo único que se ve de su rostro. Tiene unos palitos en sus manos y le acaban de decir que hoy no, que hoy no se puede prender fuego. “Estamos acostumbrados a pedir permiso, para mí estamos demasiado tranquilos” reniega frente a la puerta de entrada de la Cooperativa Eléctrica.

Conoce el lugar y también conoce la cola fatal de la burocracia. La desigualdad la deja sin luz en su casa cada tanto. Ya hizo la fila esta vez también y fue atendida por un muchacho que le preguntó cuánto podía entregar en el momento y que el resto lo podía financiar en cuotas.

“Me cansé”. Le dicen que el comisario estuvo llamando a gente que participó de la primera manifestación para decirles algo así como sabemos quién sos, te seguimos en Facebook, quedate en tu casa. 

“Hola, buen día, te habla el comisario de Trenque Lauquen” se escucha en la pequeña ronda de palitos y moldes de repostería. Alguien inventa una voz firme de varón y la ronda ríe. “Te imaginás qué cagazo si te llama el comisario” dicen, y se enciende el debate en la asamblea. Yo vengo igual, yo ni en pedo, yo estoy re jugada que me llamen si quieren.

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Comienzan los aplausos. La gente ya no pide reunirse con nadie y tampoco se sorprende verse en soledad, a la buena de nadie, o de la policía, que como pocas veces se ha visto en manifestaciones puso decenas de efectivos en las puertas de la Cooperativa, en las esquinas de la plaza Italia y hasta en la casa del intendente Miguel Fernández, quien horas antes había asegurado que estaba al frente de la representación de los vecinos.

Por el megáfono se escucha ahora el relato que le contaron a la piba, y que pasó de boca en boca entre las personas que se manifiestan en la calle Cuello. “Basta de intimidaciones, venimos a defender nuestro derecho porque la luz no es un privilegio” se grita mientras literalmente se agita por el aire el estatuto de la Cooperativa.

Las llamadas telefónicas de la mañana fueron como baldazos de agua para el pueblo, construyen una imagen de calles de asfalto limpio y el olor a agua sobre las brasas. Pero hay mujeres que tienen ramitas en sus manos y en sus ojos y se frotan en una ronda con olor a kerosén, una especie de consejo de mujeres sin estatuto y con principios cooperativos y solidarios. Se resuelve algo por unanimidad. Y se van sus integrantes al trotecito para el otro lado de la vía. 

Mientras tanto, el megáfono se queja: “La conferencia de ayer fue una tomada de pelo, no nos dan una respuesta, la solución no es individual” se escucha al ritmo de las cacerolas. Y se repudian las llamadas telefónicas a integrantes de la manifestación tanto del gerente Venturi como del comisario Bartolomé. “Nos dijeron que nos están investigando, están vulnerando nuestros derechos”.

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Por las vías nacen unos aullidos, unas voces de la tierra, unas manos que golpean labios, un ulular del pueblo que baja. Aparecen las mujeres, como zapatistas, como grito de guerra, como mapuches que somos. Tienen en sus manos cañas tacuaras. No se pide permiso para tirarlas al asfalto; unas llamas de rabia, manos de mujeres y un kerosén de lo posible.

El fuego es celebrado con palmas y gritos. Se va formando una larga fila frente a las ventanas cerradas de la Cooperativa. Esta vez no hacen colas, no esperan por el plan de cuotas y la entrega inmediata. Golpean manos y objetos contra las cortinas. Hay una sartén con forma de corazón que no da más, que se retuerce pero que resiste. Un corazón que retumba al lado de la policía, una mano que lo sostiene, y un pueblo de molde que se abolla.

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La policía intenta despejar las cortinas de la Cooperativa. Una de las mujeres le muestra a un efectivo una fotocopia con la cara del desaparecido Facundo Castro. Por un rato es el propio Facundo, un cuerpo de mujer con la cara del desaparecido que mira a los efectivos y nos interpela a todos y a todas.

De las cortinas no se va nadie. Se forma una fila policial adelante y atrás sigue el ritmo de la bronca, unas ventanas cerradas para golpear, unos cuadrados blancos donde canalizar bronca y desprotección.

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La protesta se va hacia la casa del intendente Fernández. Queda fuego y humo en la calle Cuello. Avanza la columna seguida por la policía. Frente a la vivienda custodiada de efectivos, se renueva el reclamo, se pide por las autoridades, se critica la ausencia de la dirigencia política en su totalidad. Se forman pequeñas asambleas. Cómo seguimos.

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La piba, molde de torta y ramitas en sus manos, se aleja por un momento del centro de la manifestación. “No hay que pedir permiso” me dice al pasar y atraviesa la rambla. Dos hombres la miran de brazos cruzados. Ella les pregunta: a ustedes les vino aumento o no?. Los hombres le contestan: a mí el doble, a mí el triple.

Entonces la piba les vuelve a preguntar: y qué hacen ahí paraditos, tendrían que estar ahí adelante, hay que enojarse más. 

 

 

 

 

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