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Un pueblo prendido fuego

Información General 08 de julio de 2020 Por NEP Cooperativo
Una protesta histórica frente a la Cooperativa de Electricidad tuvo lugar esta tarde debido al gran incremento en la facturación del servicio bajo la consigna “La luz no es un privilegio”. Un pueblo encendido reclama por sus derechos.
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Carolina ya está arriba de la motito y su pequeño hijo espera que se termine de acomodar. Le tiemblan las manos y no puede ajustar la hebilla de su medio casco. Se lo saca, se lo pone un ratito entre sus piernas y se leen tres nombres escritos con borratinta, uno es el de su hijo que la espera abajo de la motito, los otros son de quienes la esperan en su casa.
A Carolina le tiemblan las manos del frío y de la bronca. No puede con su casco, no puede más. Empieza a taparse la cara con su bufanda de colores y apenas se le ven sus ojos. “No puedo más” dice. Otra mujer se acerca para contenerla, le dice que se quede tranquila, que nadie le va a cortar la luz, que van a ver estos, que quién se creen que son, que acá nos vamos a defender entre todos.
Hace tres meses que no puede trabajar por la cuarentena. “Limpio casas y la gente tiene miedo de contagiarse, de cuatro trabajos me quedó uno solo y el recibo me llegó con 15 mil pesos” dice.
Carolina se muerde los labios debajo de la bufanda. De sus ojos caen gotas como antorchas. No llores, le dicen. No llores que no se van a salir con la suya. Una mano se apoya en su hombro. Sus ojos son ahora una catarata anaranjada. “Mi marido quiere pedir un crédito para poder pagar, pero después cómo vamos a hacer”. Tranquila, le dicen, que no pida ningún crédito. Le pasan algunos teléfonos, papelitos, miradas y wasap en la calle Cuello. 
Carolina se pone al fin su medio casco y su pequeño hijo se sube a la motito. Dice gracias. Arranca y se va. El ruido del motor se hace cada vez más finito y se va hacia un presente, un futuro prendido fuego. Una mujer le grita que el miércoles vamos a estar de nuevo acá, que tranquila que no te la van a cortar. Luego, silencio. Gotitas, ahora de lluvia.

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De pronto aparece un bidón y un poco de nafta. Unas cámaras de bicicleta. Unas hojas, ramitas. Fuego.
La llama avivó a la gente que fue a protestar a la Cooperativa. Fue celebrada. Se armó una ronda y se escucharon algunos gritos y silbidos.
“Cómo se nota que es un reclamo del pueblo, no tenemos ni cubiertas, mirá si fuera la protesta agropecuaria… cámaras de bicicleta” se ríe uno de los manifestantes. Y le contestan: “pero si fuera la protesta agropecuaria habría asado por lo menos”.
Un grupo de chicas se acerca al fuego. Se refriegan las manos. “Chico el frío”. Una de ellas arruga un papel verde y se lo guarda en el bolsillo de la campera. Mete su mano, que ahora aprieta un papel verde que dice con letras negras que la luz no es un privilegio. La de al lado tiene un molde de torta deformado por los golpes que le dio con un cucharón desde que arrancó la protesta. “Mi mamá me mata, no se va a poder hacer tortas para vender hoy” cuenta a carcajadas. La de más acá le dice que el suyo está peor y muestra otro molde de torta hecho un tirabuzón. “Nadie hace tortas hoy… encima con el día que hace, está ideal”.

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El fuego avivó también los aplausos y los gritos. El pueblo está que arde en la vereda de la Cooperativa. Se pregunta el pueblo dónde está el intendente, dónde están los funcionarios, dónde están los concejales. Se pregunta el pueblo por qué nos dejaron solos.
Se golpean vidrios y persianas. Se advierte, cada tanto, que ojo, no sea cosa que se rompa algo y se desvirtúe el reclamo. Se escucha que eso no sería el problema, que el problema va a ser que si se rompe algo nos va a venir en el recibo. Y se escucha también que no hay problema, que después te dan cuotas para pagarlo.
Se festeja el humor comunitario, las palabras contienen ahora la bronca. Se ríen un poco -por no llorar aclaran- de la única solución que se ofrece desde la Cooperativa. Un plan de pago. Son una financiera, se escucha. Y ahora ya no es chiste.

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Rafael fue el primero que se acercó a hablar con la policía que esperaba desde temprano la manifestación en la puerta de la Cooperativa. Venimos a reclamar por nuestros derechos les dijo. Y unos minutos más tarde, desde un megáfono formado por sus manos gritó: “Venimos a reclamar por nuestros derechos, porque la luz no es un privilegio”.
Fue la voz que faltaba para que las y los vecinos que estaban en la vereda de la calle Cuello y en la Plaza Italia se agruparan. La policía en la puerta, y la camioneta del GAD sobre la plaza intimidó en un comienzo. Después ya no. 
A los gritos se pide por Venturi, por los delegados, por los integrantes del Consejo de Administración. Se pide pasar dentro del edificio. La policía dice que no. La gente pregunta por qué no. Y así.
Una reunión entre representantes de la institución e integrantes de la protesta fue tomando forma con el correr de las horas. El fuego del reclamo se comenzó a ver desde adentro del edificio. Desde el piso de arriba alguien saca fotos a la manifestación y desde el asfalto le responden con un fuck you. “A quién le sacás fotos, pelotudo”.
Parece que Venturi iba a recibir a algunos, pero ahora parece que no porque lo putearon se comenta en una de las tantas asambleas que iban cambiando de voz cantante.
De acá no se va nadie. 

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Los que sí se van son los funcionarios del departamento de Telecomunicaciones. Van a pata, cruzan hacia la plaza y enfilan hacia la zona de Cablevisión. Se suben a un auto. Pero la gente los reconoce y un grupo de mujeres corre hacia ellos. La que lidera el pelotón se da vuelta y al ver que iba perdiendo manifestantes en el camino grita: Vamos o qué. 
Vamos. Se paran las mujeres delante del auto. Adónde creen que van. Los funcionarios de Telecomunicaciones esperan dentro del vehículo algunos minutos y se bajan al darse cuenta que cada vez los rodeaba más gente. “Si tienen alguna pregunta que hacer sobre Telecomunicaciones respondemos” dijo uno de los funcionarios. Las preguntas no eran sobre el tema planteado, pero igual tuvieron que escucharlas.
“Con quién querés que hablemos si los que tienen que dar la cara se esconden” les dijeron a los funcionarios, que perdieron varios minutos escuchando sobre las penas de quienes estaban protestando, sobre cortes de luz, sobre cierre de locales comerciales.
Vamos, mandan las mujeres. Y se vuelven a la entrada del edificio para pedir entrar.

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Rafael ya había vociferado desde su megáfono de manos el título de la protesta. La luz no es un privilegio, repetía, como el cartel verde arrugado que ahora está en el bolsillo de la chica que aprieta con su mano su derecho escrito con fibrón.
Había también cantado para el pueblo lo que es del pueblo, al frente de una ronda que aplaudía tímidamente, cuando todavía no estaba el fuego en la calle ni en las manos de la gente.
Ahora nuevamente vocifera y corre de un lado para el otro. Parece que nos van a dejar pasar. Pero hay desacuerdos. Están quienes dicen que si pasan el reclamo se apaga, que nos van a engrupir, que les van a hacer firmar algo. Una desconfianza que se hace carne ante tanta soledad.
Están también, y son mayoría, quienes dicen que perdido por perdido con puntos suspensivos, como para que la frase la complete otra persona. “Ya estamos re jugados, vayan y después nos cuentan”.
Entran cuatro, cinco personas. Y la mano del gerente general deja a la prensa afuera.  Primero con periodistas, después sin periodistas. “Pongan todo ehhh… pongan lo que pasó” se pide. Y de más atrás se escucha “no creo que puedan por la pauta”.
Después de una hora sale la delegación de la reunión. “No llegamos a un acuerdo, no firmamos nada, nos quisieron convencer de cosas ridículas, como que consumimos más energía porque ahora estamos más tiempo en nuestras casas, vamos a seguir peleando por nuestro derecho” informaron.

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Ahora sí la mano deja pasar a la prensa. El gerente de la Cooperativa Claudio Venturi fue claro al decir que no se va a dar vuelta atrás con los valores de las tarifas y anunció que se atenderá caso por caso, y que para cada caso va a haber una solución, admitiendo que la solución, en todos los casos, es un plan de cuotas. Reconoció en todo momento que la situación los sobrepasó. Y remarcó que las soluciones van a ser individuales.
Se le preguntó si la situación de la pandemia no amerita a contemplar los reclamos colectivos. Se le preguntó por las colas en horas de la mañana de la gente haciéndole frente al frío. Se le preguntó si tomaban dimensión de la situación que estaba atravesando la población.
La respuesta fue una invitación a concurrir a una cooperativa de puertas abiertas, donde individualmente se evaluará cada reclamo.
En las últimas horas, después de darse a conocer la convocatoria para la manifestación, se hicieron proyectos en el HCD y se sucedieron reuniones con concejales, el intendente y funcionarios municipales. Tarde, ya había fuego en la vereda de la Cooperativa.
Habrá una nueva protesta. Nos vemos el miércoles, se saludan en la vereda. El miércoles sí nos van a escuchar, esto se da vuelta… te lo puedo asegurar.
Son casi las tres de la tarde y llueve en Trenque Lauquen. Las gotas caen sobre las cubiertas de bicicleta que ahora son cenizas en la calle de un pueblo que arde.

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