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“La luz no es un privilegio”: un pueblo que hace cola y zapatea

Información General 07 de julio de 2020 Por NEP Cooperativo
Este miércoles a las 12.30 se realizará una protesta frente a la Cooperativa Eléctrica de Trenque Lauquen en rechazo a los aumentos desmedidos del servicio en plena pandemia. Historias de angustia y desamparo en la fila de la calle Cuello. Una comunidad que se planta y se organiza frente a la insensibilidad, la crisis y la peste.
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“Hay que zapatear querido… quevacer”. Hay una fila inquieta que se forma todos los días en la vereda de la Cooperativa Eléctrica. Hay una mujer que invita al zapateo, y hay personas a su alrededor que sonríen, que mueven sus piernas para darle pelea al frío de julio. “Hay que zapatear” repite desde un rostro calmo y sublevado. “Hay que zapatearlos” corrigen desde atrás a los gritos.

La fila cambia a cada momento. Tensión, resistencia, resignación, organización. Quienes hacen la cola ya saben que tienen que esperar dos horas para entrar. Y ya saben que no van a tener una solución. 

Cada vez que se abre la puerta de la Cooperativa se arma una ronda de personas que intercepta a quienes salen de las oficinas. “Qué te dijeron” le preguntan. “Hay que pagar, te ofrecen cuotas y un adelanto”. Se escucha una voz que se alza a pocos metros y dice: “parecen una financiera”. Son pequeñas asambleas de asociadas y asociados que se contienen entre tanta soledad, frente a un edificio que desde hace tiempo, sin sensibilidad y con formas de empresa privada, dejó de representar al cooperativismo y se alejó de la población.

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“Es una vergüenza, nos dejaron solos, nadie es capaz de venir a ver qué pasa, no les importa nada, dónde estás los concejales, funcionarios” reclaman.

La espera traza formas de organización. Surgen ideas y surgen también chistes en comunidad. El humor como un brazo largo y cálido en la calle Cuello. “Tendrían que traer el café de las salas velatorias, que hace tres meses que no funcionan”. Se escuchan algunas carcajadas. De pronto vuelve la seriedad y la pregunta se instala: ¿los salones comunitarios no son nuestros?. La idea cobra forma mientras se pasan los minutos en la espera por el financiamiento del servicio público. “Nos cagamos de frío acá, no les cuesta nada hacernos esperar en los salones, se nos congelan los pies, todo se nos congela” protestan. “Menos la tarifa” responde un pibe encapuchado, que recibe alguna palmadita en la espalda por la ocurrencia.

Imposible pagar

La fila en la mañana helada de invierno es una imagen de angustia y desamparo. No hay micrófonos, no hay dirigencia política, ni cooperativa. Está la gente con sus deudas en la mano. “Decile, decile al chico que creo que es periodista”. Una mano se levanta de la fila. “Mirá este recibo, de 1179 pesos pasé a pagar 6644 pesos… a vos te parece, hace cuatro meses que estoy viviendo en esa casa”. “Venía pagando 500, 600 pesos y me llegó el último recibo de 7 mil y pico, no lo puedo pagar, es imposible, no sé en qué se basan para cobrarme esto porque hace 3 meses que vivo ahí”. “Me cortaron la luz, no queda otra hay que pagar, me prestó la plata mi patrona porque yo no tengo”. “Tenemos que pagar lo que ellos quieren”. “Le lavaron la cabeza a los pobres pibes, que repiten el cassette de los que están escondidos”. Eduardo, Jorgelina, Silvina, Héctor, María son algunas de las personas que le ponen el cuerpo a las historias. Muestran sus recibos, se intercambian los papeles y los relatos.

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La luz no es un privilegio

“Lograron que nos organicemos, porque no se la van a llevar de arriba” advierten, mientras se cocinan algunas ideas. Se habla de una carta que comenzó a circular y de una protesta que a las pocas horas tiene fecha y hora: miércoles a las 12.30 frente a la Cooperativa en rechazo a los aumentos desmedidos de la tarifa eléctrica en plena pandemia.

“Yo creo que esta vez vamos a poder, ahora no nos escucha nadie, pero unidos nos van a escuchar” se entusiasma Mery.

Se subestimó al pueblo desde la Cooperativa y desde una dirigencia sin calle. “La luz no es un privilegio” es el cartel de un pueblo cagado a palo, que una vez más se junta, grita y zapatea.

 

 

 

 

 

 

 

 

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