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Una invitación a construir belleza propia: “Desde niñas nos enseñan que parecer es más importante que ser”

Géneros 02 de julio de 2020 Por NEP Cooperativo
Una estudiante de sexto año de la Secundaria 11 de Trenque Lauquen realizó un fanzine sobre estereotipos de belleza y elaboró una nota de opinión en torno a ideas de Simone de Beauvoir. Una interpelación a lo establecido. Imágenes, palabras y sensaciones con texturas para fabricar belleza propia.
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“La belleza en los cuerpos es un tema que tenemos presente desde muy pequeñitos, es la primera percepción sobre nosotros mismos y sobre los demás que los adultos nos imponen, ya sea al ver a mamá haciendo dieta para adelgazar, al escuchar a los hombres qué mujer está más buena físicamente, al ver a nuestras abuelas usar cremas antiarrugas, al ver a tus hermanas mayores que se depilan, que se maquillan, que critican el cuerpo de otras chicas” explica Martina Lamaisón, estudiante que cursa el último año en la Escuela Secundaria 11 “Che Guevara” de Trenque Lauquen.

Tanto el fanzine como la nota de opinión formaron parte de un trabajo en conjunto con Literatura y las materias de la orientación en Comunicación que ofrece la escuela. “Se refiere a la filósofa, escritora y activista feminista francesa Simone de Beauvoir y la consgina era elaborar un fanzine y una nota de opinión sobre estereotipos de género” cuenta Martina en diálogo con Diario Nep.

Aquí se transcribe la nota de opinión en torno a ideas de Simone de Beauvoir sobre estereotipos de belleza:

Belleza = Manipulación (Cómo los medios de comunicación utilizan la belleza como una forma de dominación)

Por Martina Lamaisón

Los estereotipos o cánones de belleza son un modelo de estética que determina qué persona es “bella” siguiendo ciertas características que se consideran que un cuerpo debe de tener para ser “ideal”. Este modelo o sistema está aceptado socialmente y es fomentado por los medios masivos de comunicación con el fin de conseguir una mayor comercialización de productos vinculados a dicho sistema.

El sociólogo francés Pierre Bourdieu utilizó el concepto de “violencia simbólica” para describir una relación social donde existe un “dominador” que ejerce un modo de violencia indirecta y no física en contra de los “dominados”. Esta relación de poder indirecto no es evidente; por lo que es ‘naturalizada’. Según Bourdieu, este tipo de relación se hace legítima cuando el dominador (en este caso, los medios de comunicación) y los dominados (la sociedad) la entienden como algo compartido, por lo que la siguen reproduciendo porque comparten y creen sus significados, entre los cuales son normalizados en conductas que persisten a través de generaciones, es decir que esta dominación es consensuada, es aceptada y normalizada por los dominados.

Entonces, dichos estereotipos son violencia simbólica ya que presentan e imponen un único modelo de cómo debe ser una mujer, invisibilizando la diversidad de identidades, cuerpos, gustos y elecciones que representan y hacen valiosas a absolutamente todas las mujeres, y el sector que no encaja en dicho modelo, es el sector violentado.

Los estereotipos de belleza perjudican especialmente a las niñas y jóvenes, quienes somos un grupo particularmente vulnerable, las cuales vivimos bajo la presión social de que debemos encajar en los cánones de belleza para obtener la aceptación de la sociedad, lo cual muchísimas veces trae como consecuencias trastornos alimenticios (como bulimia y anorexia) y trastornos y/o enfermedades mentales.

Los culpables de esta problemática son los medios masivos de comunicación que afectan de forma muy negativa la percepción y construcción de la mujer sobre sí misma y sobre otras, dañando la autoestima y salud mental de éstas al imponer su modelo de estética femenina mostrándoles cuerpos poco reales a través de publicidades y programas o espectáculos de la tv.

Esto tiene el fin de lucrar con nuestras inseguridades a través del consumo de productos o servicios que nos intentan vender para que logremos ser como la chica que nos muestran en la pantalla; productos para adelgazar, para tener una piel de porcelana, para “combatir” las estrías y la celulitis (y un triste gran etcétera), productos que muchas veces ni siquiera cumplen con lo que prometen. Pero como comentaba Bourdieu, esta problemática no es vista como tal porque es parte de dicha normalización de la aceptación de los dominados de la violencia simbólica ejercida por los dominadores.

Además, estos estereotipos construyen las bases que sustentan la desigualdad de género estructural, ya que crean una problemática social porque posicionan el aspecto físico como la característica más importante de una mujer, reduciéndonos así el potencial, las capacidades, talentos y aspiraciones de las jóvenes. En palabras de la escritora estadounidense y gran activista de la tercera ola del feminismo, Naomi Wolf: “Las mujeres somos cotidianamente objetivizadas lo que nos lleva a aprender desigualdad todos los días”.

La escritora italiana, docente y activista por los derechos de la mujer, Lorella Zanardo, convirtió su furia sobre este tema en acción, y junto con su compañero Marco Malfi Chindemi y su equipo, mostró a través de su documental “Il Corpo Delle Donne” (El Cuerpo de la Mujer) cómo la televisión manipula sin escrúpulos el cuerpo femenino en espectáculos en los que todos y todas somos espectadores silenciosos, pues “las imágenes no son sólo imágenes; son comunicación, memoria, saber, educación”: “La televisión tiene un poder increíble. A pesar de que hable de la realidad y represente la realidad, puede disimularla. La televisión hoy roba, afea, mina el paisaje de conciencia de todos, nos quita las raíces y los fundamentos. Rostros reducidos a máscaras por la cirugía estética, cuerpos inflados en exceso como fenómenos de circo, que nos envían una idea de mujer falsificada e irreal”.

En el documental, Lorella comenta que es curioso cómo la publicidad utiliza imágenes con referencias sexuales atractivas para los varones pero con la finalidad de atraer a un público femenino: “Estamos tan acostumbradas a vernos a través de los ojos de los hombres que ya no sabemos reconocer qué queremos realmente y qué nos hace felices. Nos miramos las unas a las otras con ojos masculinos, miramos nuestros senos, nuestras bocas, nuestras arrugas como pensamos que un hombre nos miraría…”

También dice que la presencia de la mujer en la televisión aparece para contentar cada presunto deseo masculino: “Está (la mujer) reducida y se reduce a ser un objeto sexual, ocupada en una lucha contra el tiempo que la obliga a deformaciones monstruosas, forzada a estar en un marco, completamente muda, o que presenta espectáculos televisivos que no requieren ninguna competencia.” Un ejemplo de este acto, son las jóvenes de cuerpos ideales que aparecen en programas televisivos en el que no realizan prácticamente nada, a excepción de estar paradas con tacones y sonriendo a la cámara y (a veces) sosteniendo algún producto (generalmente de belleza femenina) para publicitar, o a veces son incitadas a realizar actos humillantes para que demuestre su espectacular capacidad de cabeza hueca y estupidez.

Desde niñas nos enseñan que parecer es más importante que ser, dejando de lado nuestro verdadero “yo”, generándonos inseguridades y malestar, y obstaculizándonos formar nuestra identidad. ¿Por qué es más importante ser bellas a que ser talentosas y exitosas? ¿Por qué “flaca” es sinónimo de belleza y salud y “gorda” de fealdad y enfermedad? ¿Por qué debemos ocultar nuestros granitos, nuestros vellos, nuestras estrías, nuestros rollitos, nuestras cicatrices? ¿Por qué no acabar con este sistema que lucra con nuestras inseguridades y nos hacen sentir excluidas de la sociedad por no encajar en sus cánones? Afortunadamente, muchas jóvenes comenzamos a alzar la voz y a decirle “basta” y, de a poquito, pero con grandes paso, vamos rompiéndolo.

“No le hagamos un lifting a nuestra cara, sino a nuestras ideas, y así descubriremos que muchas ideas que han madurado en nosotras mientras veíamos cada día en la televisión el espectáculo de la belleza, de la juventud, de la sexualidad y de la perfección corpórea, en realidad, sirven para escondernos a nosotras mismas, y a los otros, la calidad de nuestra personalidad”.

La belleza existirá siempre y cuando haya aceptación, pero más que aceptación social, es la aceptación y el amor propio lo que realmente vale, pues si no nos respetamos y amamos a nosotrxs mismxs nadie más lo hará.

No tenemos un alma y no somos un cuerpo. Somos un alma y tenemos un cuerpo. Ser es más importante que parecer.

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Qué es lo bello

En charla con Diario Nep, Martina asegura que los estereotipos cobran fuerza determinante en las infancias. “Empezás a crearte la idea de qué cuerpo es bello y cuál no, cuestiones que vienen de tu exterior, del entorno en donde estás y de lo que vas observando y aprendés de él” señala. Y le pone imágenes e historias propias a su mirada: “Cuando iba a la primaria mis compañeros se burlaban de los nenes gorditos, los excluían de los juegos y se burlaban en las clases de gimnasia cuando tenían que correr o hacer deporte. A los 11 años, cuando me empezaron a crecer los primeros bellos en el bozo me decían bigotuda o bagre y me daba mucha vergüenza ir de pantalón corto a la escuela porque una vez un compañero me vio que tenía pelos en las piernas y me dijo ‘depilate’ y me pegó una patada”.

En este sentido, Martina sostiene que la diferenciación que hacen los niños entre lo que es lindo y no en un cuerpo tiene su origen en “lo que aprenden de lo que observan y escuchan de los grandes”.

Distorsiones

“Al empezar la secundaria la percepción de mi cuerpo se distorsionó por completo” recuerda sobre su reciente y doloroso pasado. “Los comentarios de mis compañeros sobre que estaba gorda y era fea, mi familia molestándome con lo que comía y comparándome con chicas altas y flacas, que no le gustara a los chicos, que tuviera granos, que tuviera estrías en las piernas, ver la competencia que había entre las chicas de mi salón por ser la más linda y la que tuviese más levante, ir a comprarme ropa donde todo era de talle único y no me entraba… hicieron que odiara y lastimara muchísimo mi cuerpo, y aprender a aceptarme, a valorarme y a quererme me llevó mucho tiempo y es algo con lo que sigo trabajando constantemente” revela la autora del fanzine que tituló Cuerpos Reales.

¿Cómo observás hoy a esta sociedad respecto a los estereotipos de belleza? 

Están cambiando mucho los estereotipos de belleza pero hay mucha gente retrógrada, gente joven, adulta y muy adulta. Por eso hice el fanzine con fotos de cuerpos no perfectos, como para mostrar la verdadera realidad de los cuerpos y también por eso hablé sobre cómo los medios de comunicación a través de la publicidad lucran con estas inseguridades que nos genera ver cuerpos inalcanzables y al generar en nosotras el querer  tener ese cuerpo.

 

GIF REMERA CATALEJO

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