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No es la deuda, ni son los fugadores, es el modelo!

Especiales 09 de junio de 2020 Por NEP Cooperativo
Un análisis sobre el comportamiento sistémico de la fuga de capitales, su relación integral con la deuda externa y como la “amistad” entre estas variables conforma el sustento estructural para el desarrollo del modelo acumulación llamado Valorización Financiera.
fuga

Por Esteban Tarditti (*) y Franco José Vestuti (**)

A raíz del último informe publicado por el BCRA denominado Mercado de cambios, deuda y formación de activos externos, se generó un debate público dentro del campo de la ciencia económica local que radicó, básicamente, en discutir sobre el significado de la tan mentada “fuga de capitales” en la economía argentina. Se discutió sobre su comportamiento, sobre quienes la llevan a cabo, cómo se instrumenta, cómo se mide y fundamentalmente, si es legítimo o no realizar un juzgamiento moral sobre la misma. Por tal motivo, en este breve espacio intentaremos tomar posición sobre el debate, pero lejos de entrar en falsas polémicas, o análisis banales, enfocados en la moralización del accionar de los actores económicos; procuraremos explicar la razón del comportamiento sistémico de la fuga de capitales, su relación integral con la deuda externa y como la “amistad” entre estas variables conforma el sustento estructural para el desarrollo del modelo acumulación llamado: Valorización Financiera.

La alianza Cambiemos 

La llegada al gobierno de Cambiemos representó un hecho histórico, ya que sería la primera vez que los representantes directos del capital lograran acceder al control del Estado mediante elecciones democráticas. La reaparición de un gobierno de corte neoliberal en la Argentina trajo aparejado claras diferencias con respecto a procesos similares desarrollados durante décadas pasadas, ya que esta vez la fracción hegemónica, al interior del bloque de poder que condujo al Estado, estuvo dirigido por el capital financiero internacional (principalmente bancos trasnacionales, fondos de inversión y empresas extranjeras no industriales), mientras que los grupos económicos locales y la oligarquía pampeana (que supieron detentar esta posición durante buena parte del siglo XX y principios del siglo XXI) fueron la fracción subordinada del modelo de acumulación desarrollado durante este período. La reaparición de la Valorización Financiera dejó en claro la intención del gobierno en su búsqueda por restaurar una profunda preeminencia del capital sobre el trabajo, e incluso, sobre amplios sectores del capital (principalmente industrial y productivo), sustentada en el endeudamiento externo y la fuga de capitales. Veamos cómo se dio este proceso.

El proceso de endeudamiento, apertura y desregulación

El nuevo gobierno que asumió en diciembre de 2015 trajo consigo un cambio radical en la política de endeudamiento público. Las necesidades financieras del Tesoro Nacional dejaron de sufragarse principalmente con fuentes domésticas (deuda intra-sector público) y comenzaron a cubrirse a través de un proceso acelerado de endeudamiento en moneda extranjera. Esto requirió que el gobierno negociara un acuerdo con los fondos buitre que le permitió acceder nuevamente al mercado financiero internacional. Este acuerdo no se hizo esperar e implicó la emisión de un bono por 16.500 millones de dólares a una tasa promedio del 7 % (Basualdo, 2017, p. 211), a partir del cual el gobierno podría abrirse un nuevo camino al mercado en búsqueda de financiamiento. 

Se estima que las colocaciones brutas de deuda ascendieron a 45.007 millones de dólares solamente en el año 2016 (Basualdo, 2017, p. 214). A partir de ese momento, la deuda adquirió un ritmo vertiginoso, fue de tal magnitud y tan veloz que llevó a un rápido crecimiento del stock de la misma luego de tan sólo dos años de gobierno. Argentina resultó ser el principal colocador de títulos soberanos en los mercados internacionales entre enero de 2016 y abril de 2018, superando a países cuya población y PIB son sustancialmente superiores. La importancia del endeudamiento denominado en moneda extranjera prácticamente se duplicó en el mismo período al pasar del 36,4 % al 70 % del PBI, de la cual 65.929 millones de dólares fueron emitidos bajo legislación extranjera. Para el año 2018 el modelo comenzaría a transitar el principio de su fin. La decisión del gobierno de desregular y liberalizar completamente la cuenta de capital, facilitó el incremento desmedido de la fuga, y, por ende, la salida de dólares de la economía. Con el objetivo de seguir sustentando la valorización financiera, el gobierno salió en búsqueda del prestamista de última instancia del sistema financiero: el Fondo Monetario Internacional, que se encargó de desembolsar el préstamo más grande de la historia del organismo, por un total de 44.000 millones de dólares. A fines de diciembre de 2019 el stock de deuda pública nacional ascendía a 323.2 millones, paso así de representar el 52,6 % del PIB a fines de 2015, al 90 % cuatro años más tarde.

En paralelo a este proceso, se realizaron en Argentina cambios estructurales sobre los organismos de control del mercado cambiario, que tuvieron como objetivo la facilitación al acceso y movimiento de divisas en el mercado nacional. Este fenómeno se profundizo en los años 2016 y 2017, para alcanzar su punto culmine en el 2018 con la decisión del Gobierno de liberalizar completamente el mercado de cambios y el mercado de capitales. Para comprender este desarrollo (desregulación y apertura) basta nombrar algunas de las medidas que se llevaron a cabo: liberalización de la compra de moneda extrajera (el llamado coloquialmente CEPO), desregulación de la estadía de los capitales extranjeros por un año en el país,  eliminación del sistema de interconsulta entre organismos como la CNV y la AFIP, y la supresión del requerimiento de conformidad previo del BCRA para operaciones por montos inferiores a los 2 millones de dólares, entre muchas otras.

Endeudar y fugar: La valorización financiera

El mecanismo de la valorización financiera durante el gobierno de Cambiemos consistió en sostener altas tasas de interés locales, respecto de la variación del tipo de cambio y la tasa de interés de referencia internacional, a través de diferentes instrumentos financieros, como fueron las LEBACs, los LETES, o LEliq. De este modo, con la desregulación y la apertura económica asegurada, los capitales podían ingresar, pero sobre todo salir libremente de la plaza local. Ingresaban en dólares, se valorizaban en pesos en diferentes instrumentos y, acto seguido, contaban con la facilidad de acceder a dólares cuando quisieran. Así, la plaza local, se colmó de capitales golondrina con un único objetivo: ingresar al país y lograr la rentabilidad extraordinaria que otorgaba nuestro sistema financiero. En consecuencia, de cada 10 dólares que entraron en esa etapa, 8 tenían su origen en colocación de deuda y capitales especulativos. De la misma manera actúo en función de los capitales locales, que obtienen sus rendimientos en pesos a partir de actividades productivas. Los excedentes de la burguesía local fueron depositados en los diversos instrumentos ya mencionados y dolarizados a cuentagotas durante el periodo que duró la liberalización para la compra de moneda extranjera. Así se produjo un comportamiento sistémico de rentabilidad, en donde la tasa de interés opera como la matriz por excelencia de la valorización de capital en moneda local y donde el libre acceso al mercado de cambios permite la fuga sistemática de estos excedentes dolarizados. El problema recurrente de este modelo y de la rentabilidad extraordinaria que otorga el sistema financiero, se debe a la insuficiencia de divisas que ingresan a la Argentina vía comercio exterior, generando una sangría en la Reservas internacionales del BCRA, lo cual demuestra la importancia que revistió el endeudamiento externo para garantizar la fuga de capitales.

Para finalizar, podemos afirmar que la apertura y desregulación del mercado cambiario y la cuenta capital, sumado a la toma de deuda nominada en moneda extranjera y a la valorización interna vía altas tasas de interés y su posterior fuga de capitales, son los cuatro ejes de un patrón de acumulación que está organizado desde el estado (y el bloque de poder que lo conduce) para garantizar una alta rentabilidad de los capitales a través de la valorización financiera. Este modelo demostró su fragilidad e inestabilidad, una vez más en la historia económica argentina, dejando a un Estado subordinado a las decisiones e intereses de la fracción del capital dominante (capital financiero internacional), en detrimento de los sectores productivos de la economía. En conclusión, el problema estructural de la alianza Cambiemos no fue la toma desmedida de deuda externa en sí misma, ni los actores que fugaron capitales de forma desproporcionada, sino la Valorización Financiera que se organizó y garantizó desde el estado.

(*) Prof. Historia - Universidad Nacional de Córdoba.  Maestrando Economía Política con Mención en Economía Argentina – FLACSO Argentina.


(**)Lic. Relaciones Internacionales - Universidad del Savador. Esp. Economía Política con Mención en Economía Argentina. – FLACSO Argentina. Maestrando Economía Política con Mención en Economía Argentina. – FLACSO Argentina.

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