COMUNIDAD NEP banner

Rebelión en la cancha

Especiales 12 de abril de 2020 Por NEP Cooperativo
La infancia, un pueblo, el barrio, el potrero y la crónica de un estallido a la hora de la siesta. Un cuento de Javier Tiseira.
90939793_2990676824312315_6711113105553752064_o

Ese día ni mi hermano ni yo fuimos a jugar. Estuvimos en un campo acompañando a mi viejo que fue a arreglar una heladera. Cuando volvimos al taller nos encontramos con Martín.

Nos quieren sacar la canchita, dijo. Me quedé helado. Un escalofrío me sacudió el cuerpo. Nunca había sentido un golpe tan grande en mis 10 años. La canchita era nuestro lugar en el mundo, nuestra vida. Todos los días llegábamos de la escuela, tirábamos los portafolios en la cocina de casa, agarrábamos la pelota y corríamos esa cuadra y media de placer infinito.

A simple vista no parecía que alguien pudiera jugar a la pelota en ese lugar. Era un baldío desnivelado, con un árbol gigante que se metía en la cancha y dos arcos sin travesaños. En el fondo había yuyos altísimos y una montaña de tierra que ya estaba cubierta de pasto.

Para nosotros era el lugar más lindo del planeta.

Todos los chicos del barrio llegaban corriendo. Algunos tomaban la leche antes de ir, otros no podían esperar tanto. Jugar esos picaditos era lo más parecido a la felicidad. 
Nos quedábamos ahí hasta que nos costaba distinguir la pelota en la penumbra.
Cuando salga el lucero vuelvan, nos decían en casa. Nunca mirábamos el cielo porque jugar en esa canchita era volar.

Pero todo eso se estaba por terminar. Era injusto. Nunca nos habíamos preguntado si ese lugar tenía un dueño. Era de los pibes del barrio, era nuestro.
El jueves iban a ir con un camión a sacar el árbol de la canchita. Ese árbol en donde nos trepábamos y pasábamos horas hablando de Maradona, de Bochini, de Perazzo. En donde planeábamos las jugadas más increíbles. Esas ramas que fueron testigos de los mejores goles, de los campeonatos de penales, de las peleas cuando había que decidir si la pelota había entrado o se había ido por arriba.

Teníamos que resistir, no se la podíamos hacer tan fácil. Y nos organizamos.

Ya habían descargado una pila de ladrillos en el fondo, atrás del arco que daba contra el corralón que estaba a la vuelta. Esa sería nuestra barricada.
Ese jueves nos encontramos temprano. Los bolsillos reventaban de piedras. Estábamos enojados.
Nos escondimos estratégicamente en forma de abanico. Martín, el Tuna y Juan se subieron al árbol. Ariel, Rubén y Nacho se escondieron en la otra punta entre los yuyales. Ramiro y el otro Martín se pusieron atrás de la montaña. Y Diego, el Cebolla, el Ale y yo nos quedamos atrás de los ladrillos que usamos como barricada.
Solo quedaron Tito y Adrián jugando en el arco que daba a la calle.

Enseguida estacionó un auto y un camión. Del auto bajó un tipo que con malos modales les pidió a los pibes que se vayan a sus casas. Tito y Adrián lo miraron y siguieron jugando.
Pendejos de mierda rajen de acá. No nos vamos un carajo. La puta que los parió, se van. Y vos quién sos, esta canchita es nuestra. Y salieron corriendo hasta la pila de ladrillos. En ese momento sacamos las hondas y le sacudimos al tipo. Fue una lluvia de cascotes eterna. De todos lados aparecían pibes sacudiéndoles de todo. Estuvimos un rato así hasta que el tipo se fue corriendo hasta el auto, le hizo una seña al camión y huyeron.
Salimos todos de nuestros escondites a festejar. Todo era alegría y gritos. Olé olé olé olé, se fue, se fue. Borombombom, borombombom, el que no salta, es un cagón.

Fue un momento épico. Una gesta que después de 35 años todavía vive en la memoria. Nuestra gran rebelión. Ganamos.

Cuando llegamos a casa nos recontra cagaron a pedos pero no nos importó. Nunca más volvimos a ese lugar.
Unos días después un vecino que se enteró de todo nos ofreció su terreno a cambio de que se lo limpiemos. Estuvimos trabajando una semana rellenando pozos, sacando ramas, cortando el pasto. Otro vecino nos consiguió dos arcos con travesaño y todo. El lugar quedó impecable. Volvimos a jugar.
No fue lo mismo.

GIF REMERA CATALEJO

Te puede interesar

Boletín de noticias