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Vicentín: tramposos, evasores y estafadores

Información General 27 de enero de 2020 Por
La ideología neoliberal nos taladra el mate con el discurso que el Estado debe ser lo más chico posible, deslindándose de la intervención económica que debe dejarse al libre albedrío de las ocultas fuerzas de Don Mercado. Sin embargo, mientras una gran cantidad de “vivos” y otra mayor cantidad de “giles” repiten estos latiguillos, la práctica de los neoliberales es bien distinta: chupan de la teta del Estado, a través de créditos, subvenciones, acuerdos, obras públicas, y buscan la manera de estafarlo permanentemente.
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Por José Luis "pepe" Berra/ Escritor y Periodista.

Esta historia bien podría llevar el nombre de uno de los vinos del grupo: El Tramposo. Aunque en realidad -y para ser más fieles a la trama- ese nombre tendría que ser en plural porque hay varios implicados en la gran estafa del grupo agroindustrial Vicentín Hnos. y Cía.


Hace 90 años, el norte provincial, era un territorio poco poblado y bastante olvidado para el gobierno, el Chaco santafesino le llamaban. En tierras donde mandaba La Forestal (The Forestal Land, Timber and Railways Company Limited), el gringo Vicentín decidió instalarse con un almacén de acopio y ramos generales en la localidad de Avellaneda, pegadita a Reconquista. De aquel gringo almacenero a este oligopolio, que es la principal empresa que factura en la provincia de Santa Fe, ha corrido mucha agua bajo el puente y, en ese recorrido, tal vez el hilo de la ambición desmedida sea lo único que los une.


Sin embargo, la situación de “estrés financiero” del grupo, un eufemismo muy chic para referirse a un “pagadiós”, permite como en las capas de una cebolla ir descubriendo las complicidades políticas, las falacias de un liberalismo que reniega del Estado pero vive chupando de su teta y hasta el complot empresario con la dictadura genocida.


Vamos por partes, le atribuyen que solía decir Jack El Destripador. El gobierno de Macri, a través del Banco Nación, le presta al grupo dirigido por el tándem Nardelli – Padoán algo así como 300 millones de dólares (un 20 por ciento del total de la masa crediticia que disponía el banco), sin las debidas garantías y saltando pasos obvios de cualquier préstamo. El presidente de la institución oficial, Javier González Fraga, aquel que nos decía que le “hicieron creer a un empleado medio que podía comprar celulares o viajar al exterior”, recibía llamados directos de Mauricio Macri para que viabilizaran los créditos irregulares que recibió el grupo Vicentín. A cambio de un favor tan grande, el holding agroindustrial exportador aportó poco más de 13 millones de pesos a la frustrada intentona de reelección de don Mauri. Coincidente con la derrota irremontable de las PASO del candidato de Juntos por el Cambio, el grupo empresario comenzó a defaultear la deuda con el Nación y a días de la asunción de Alberto anunció el famoso “estrés financiero”.


Pero no sólo, los tentáculos políticos se orientaban a nivel nacional, ya que el segundo banco prestamista del grupo fue el Provincia, de la entonces gobernadora María Eugenia Vidal, claro que en muchísima menor cuantía que el Nación. En nuestra provincia, el ex gobernador Miguel Lifschitz, unas semanas antes de entregar el mando, acordó con TPR (Terminal Puerto Rosario), de la que el grupo Vicentín es accionista, un acuerdo para la extensión de 25 años más de la concesión del puerto rosarino, que debía finalizar en 2032 y que de esta manera se extendería varios años más allá de la mitad del siglo. El apurado acuerdo lo tendrá que firmar el actual gobernador Perotti. Veremos.


No será la primera vez, que el Estado –o sea todos los argentinos- terminemos haciéndonos cargo de los dislates financieros de empresas que diariamente nos “venden” como los motores del desarrollo nacional. La ideología neoliberal nos taladra el mate con el discurso que el Estado debe ser lo más chico posible, deslindándose de la intervención económica que debe dejarse al libre albedrío de las ocultas fuerzas de Don Mercado. Sin embargo, mientras una gran cantidad de “vivos” y otra mayor cantidad de “giles” repiten estos latiguillos, la práctica de los neoliberales es bien distinta: Chupan de la teta del Estado, a través de créditos, subvenciones, acuerdos, obras públicas, etc., en tanto buscan la manera de estafarlo permanentemente. Así actúan. Es el caso de Vicentín, una empresa que durante los últimos 4 años (para no irnos más lejos) ha crecido anualmente en su facturación pero que alude imposibilidad de hacer frente a los pagos de los acreedores.


Otra “curiosidad” de este gigante de la agroexportación es que tiene empresas en Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile y España. Gran parte de la compra y venta de granos y oleaginosas se dan entre las propias empresas del grupo. ¿Una conocida forma de elusión fiscal y fuga de divisas? Habrá que investigar. Lo cierto es que en España, algunos medios comienzan a sospechar que Nardelli estaría armando un sistema para recomprar la empresa después de mandarla a la quiebra. Todo un expertise del ABC garca empresarial que dejaría el tendal de deudores sin cobrar, siendo los fundamentales damnificados los bancos estatales y los productores cuyos granos están esperando su pago.


A nadie podría extrañar cualquiera de las maniobras que lleve adelante el grupo Vicentín. Ya en noviembre de 1976, una patota policial llevó adelante una redada contra 22 trabajadores de la empresa Vicentín, entre ellos la totalidad del cuerpo de delegados de la empresa. Algunos de estos detenidos fueron “chupados” en sus propios lugares de trabajo. Allí iniciaron un periplo de torturas y vejaciones que terminó unas semanas después en la Cárcel de Coronda. Al día siguiente de la cacería, la empresa Vicentín despachó los telegramas conminando a los detenidos a presentarse a su trabajo bajo apercibimiento de despido. Los jerárquicos apuntaban a los trabajadores organizados, la patota de la dictadura los secuestraba y la empresa se ahorraba la indemnización. Todo un manual de la connivencia entre los dictadores y los empresarios.


Hoy, aprovechando la puesta en superficie de la maniobra fraudulenta del grupo Vicentin, son varias las voces que se levantan pidiendo la estatización a cambio de la deuda. Una maniobra jugada que, al menos, requiere de una profundización en su análisis. Pero, sin dudas, sería una manera de poner el pie del Estado para regular un sector altamente concentrado, el principal ingreso de divisas al país y con históricas prácticas tramposas y evasoras.

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