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Un himno eufórico abriendo las puertas de Nuestra Casa Común

Información General 11 de diciembre de 2019 Por NEP Cooperativo
Una crónica de la vuelta del poder para el pueblo.
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Por Leticia Badino

Foto: Revists Anfibia

 

Primero fue el Congreso.

Un hombre de unos 50 años, recitaba incansablemente las razones por las que Macri debía irse. Hablaba sin parar, recordando compañeros. Mezclando momentos históricos de su vida. Por ahí gritaba fuerte su amor por Cristina, y después seguía recitando. Mientras su compañera, delante de él, se secaba las lágrimas cada dos por tres.

Una señora de unos 70 años, con sombrero azul estrafalario, terminó parada junto a mí. Como quien no quiere la cosa, recostaba su peso sobre mi cuerpo y yo aguantaba las ganas de pedirle que no se apoye. Hasta que me habló. Tenía la mirada extraviada, seguramente alguna dificultad en la vista. Tenía alrededor de 70 años y una convicción bastante más grande. Me miró y me dijo: “Pensé que no iba a sobrevivir estos 4 años. Porque ya soy grande. Y cuando ganaron estos tipos pensé que no iba a llegar. Pero llegué. Acá estoy. La puta madre que los parió”. Y después solo fue ponerla delante mío, cederle el lugar para que viera mejor, y aguantarme el sombrero azul que ella tiraba para atrás y me golpeaba la nariz.

Un paso más allá, porque a todos nos separaba un paso, o medio, un hombre enorme, con un brazo del largo de la mitad de mi cuerpo, sostenía el palo de una bandera, gritaba interminables indicaciones, y agitaba su axila caliente sobre mi cabeza.

Y más atrás, donde había más espacio, otro camionero terminaba de bailar una cumbia con una señora muy viejita, y le tomaba la cara, con sus manos duras, para darle un beso tierno.

Cuando salió Alberto algunos corrieron, con la esperanza de saludarlo. Otros sacaban banderas para llevarlas a la plaza. Yo perdí de vista a la señora de sombrero azul, y me senté dos minutos.

Después fue la plaza.

Entrar a Plaza de Mayo, entre humo de parrillas con choripanes, gente que baila y banderas es siempre una aventura extraña. Ni una gota de sombra. Ni un pedacito de pasto donde sentarse. Ir y venir. Por horas. Con las bandas de fondo. Ir y venir, buscando sombra y descanso. Sentarse en el asfalto caliente. Ir a mojarse a la canilla abierta. Buscar algo que tomar. Perder y encontrar compañeros. Darse la mano para andar entre la multitud y llegar, sin saber muy bien a dónde.

Aguantar. Aguantar. Porque va a hablar Alberto. Pero sobre todo Cristina. Porque elegimos a Alberto como presidente, y lo vamos a acompañar y defender. Pero a Cristina la declaramos inmortal, en el corazón de cada uno de los que estamos ahí. Y cuando habla caen lágrimas de todos lados. Los pechos se inflan. Las miradas acarician a los que tenemos al lado. Cuando habla Cristina hablamos nosotras y nosotros.

La casa común por la que pidió Alberto empezó anoche. Cuando miles y miles cantaron un himno eufórico. Dedos en V. Puños en alto. Lagrimas que terminaban en bocas sonriendo. Y una mujer, enorme, que otra vez entregó el poder al Pueblo.

GIF REMERA CATALEJO

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