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Creer: el primer paso para las justicias

Géneros 29 de noviembre de 2019 Por
El 19 de noviembre se realizó frente al Congreso de la Nación una jornada de visibilización y lucha para la prevención de los abusos sexuales en las infancias y adolescencias. Las intervenciones artísticas, la música y los juegos poblaron la calle y las banderas flamearon un claro mensaje: “Yo si te creo”.
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Por Lila Magrotti Messa

Después de un abuso sexual se crean umbrales. Ponerle palabra al hecho es el primero, el poder decirlo, atravesar ese espacio denso que lo conecta con el silencio, que lo oculta, lo protege y lo deja alojado en un cuerpo que no logra expresarlo. Detrás de este poder nombrarlo se abre todo un abanico donde el afuera actúa ante lo dicho. Desde el creerle, el menospreciar o naturalizar lo narrado hasta no confiar en el relato o incluso encontrar modos de justificarlo. 

Vivimos en sociedades estructuradas en torno a mentiras verosímiles que ponen más en duda la palabra de infancias y adolescencias narrando crímenes históricos y repetidos que a presidentes neoliberales prometiendo un grado cero de pobreza. Otro de los umbrales es la justicia, de los mil casos denunciados sólo uno tiene condena firme y la no prescripción de estos delitos es una batalla que se sigue dando. 

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Reproducimos el comunicado del Colectivo “Yo Si Te Creo” leído durante la jornada:

“Como colectivo en lucha contra los abusos sexuales en las infancias nos convocamos por sexto año consecutivo en esta jornada de visibilización y lucha por el día mundial para la prevención de los abusos sexuales a niñes y adolescentes.

Nosotres sabemos que esta problemática es un delito invisibilizado equiparable a la tortura, donde se ejercen cotidianamente vulneraciónes de derechos por parte del Estado, la justicia, las instituciones y sociedad civil, sostenida y reproducida por una cultura cisheteropatriarcal que no reconoce fronteras, ni clases sociales. 1 de cada 5 niñas y 1 de cada 13 niños sufren o sufrieron abusos sexuales antes de los 18 años de edad y, sin bien entendemos que los datos oficiales no reflejan con claridad la complejidad de esta realidad, sabemos que estas cifras dan cuenta de un estado que sigue siendo indiferente y cómplice ante este flagelo. Nosotres sabemos que les abusadores no son animales, no están enfermes, son hijes sanes del patriarcado. Por eso nos organizamos y gritamos basta de abusos sexuales en las infancias, Yo Si Te Creo, Nosotres te creemos! Lo estamos tirando, al silencio no volvemos nunca más.      

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Nosotres sabemos que es difícil defenderse de un ataque para el cual no se está preparade. Nuestra  sociedad  idealiza un modelo de familia ocultando que el 85% de los abusos en las infancias, son perpetrados por miembres de las mismas, casi siempre varones de nuestro círculo de confianza tíos, primos, padres, padrastros, padrinos y hermanos. No son sus fantasías, nosotres sabemos que les niñes no mienten y el silencio ante los abusos se llama complicidad!

Nosotres conocemos los obstáculos para el acceso a la justicia estatal y sabemos que sólo el 10% de los abusos sexuales en las infancias son denunciados penalmente. Pero también sabemos que los costos que conlleva los procesos judiciales donde vivimos situaciones de revictimización y culpabilización, que termina muchas veces expulsándonos de la posibilidad de encontrar una forma de reparar de nuestra historia. ¡Basta de justicia machista! Nosotres te creemos, ¡nosotres no nos callamos más!

Nosotres hemos visto como esta justicia cisheteropatriarcal, ha promovido procesos de revinculación de niñes con sus abusadores, al tiempo que utiliza el Falso Sindome de alienación Parental conocido como SAP como mecanismo para  responsabilizar a las madres protectoras que generalmente son las primeras en detectar y denunciar los abusos intrafamiliares. De este modo, pareciera que el sistema judicial hace todos los esfuerzos por silenciar y hostigar a les niñes y madres protectoras, en vez de ocuparse de juzgar y condenar a les abusadores. No es extraño entonces que, de cada 1000 situaciones denunciadas, tan sólo una queda esclarecida y con sentencia firme. 

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Nosotres sabemos que en este contexto es muy difícil romper el silencio y hablar. La justicia nos impone plazos para formular la denuncia, en vez de contemplar nuestros tiempos y procesos. Quienes hoy somos adultes sobrevivientes y hemos podido relatar luego de muchos años estas situaciones, nos encontramos con que, a los ojos del estado, este delito prescribe por eso luchamos contra los plazos y tiempos que esta justicia nos impone para hablar. Por eso decimos sin vencimiento! Y exigimos que los abusos sexuales no prescriban!

Nosotres sabemos que sin educación sexual integral estos delitos se perpetúan y reproducen por eso nos metemos con tus hijes y responsabilizamos al estado, les gobernadores y las iglesias por obligar a niñas abusadas a parir. Son niñas, no madres!

Nosotres creemos fervientemente la necesidad de seguir visibilizando y luchando contras los abusos sexuales en pos de infancias libres de violencia, garantizando sus derechos y además exigiendo la reparación para niñes y adultes sobrevivientes.

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Nosotres les creemos a todas las infancias

Nosotres les creemos a las mamás protectoras q se someten a la violencia judicial 

Nosetres les creemos a les adultes q en el momento q pueden manifestan su dolor

Nosotres te creemos 

Yo si te creo”.

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Para cerrar el encuentro, luego de la lectura se dispusieron los afiches de papel madera en donde, durante todo el día, quienes habitaron la marcha dejaron su mensaje y el nombre de abusadores y cómplices. Se invitó a pisar colectivamente el afiche para luego armar con él una fogata, reafirmando los estandartes de las justicias feministas que se trazan en la politización de los dolores y las trayectorias, en desnaturalizar los modos en que las estructuras se encarnan en nuestro día a día. Cuerpos que se dispusieron a pisar con firmeza el nombre de personas que cometieron delitos contra cuerpos diferentes al suyo. Entre tanto, brotaban las lágrimas agitadas por el fuego que se empezaba a nutrir, gritos, abrazos, furias, y algunas certezas: al miedo y al silencio no se lo abandona en soledad y a las justicias se las construye en las calles, en los encuentros, en los abrazos, en colectivo y empiezan ahí donde creemos en las palabras que narran las torturas que hemos naturalizado históricamente.   

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