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Lucía Pérez: las drogas como coartada

Géneros 22 de octubre de 2019 Por
Octubre trae a Lucía en las agendas, pero nada nunca la saca de nuestras bochas, de nuestras palabras, de los dolores, de nuestras marchas. Lucía es marca constante en nuestros gritos sea el mes que sea en el año que sea. Lucía como memoria y como presente, volver a decir a que fue femicidio, volver a gritar basta, mirarle la cara a estas justicias misóginas que escriben nuestras sentencias con las drogas como coartada. Analizar el fallo en profundidad es una necesidad porque cuando hablamos de estructura del patriarcado nos referimos a estos modos de comprender, legislar y dictaminar lo que acontece.
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Por Lila Magrotti Messa

En octubre del 2016 nos enterábamos de la muerte de Lucía Pérez. La fiscal de la causa había comunicado que por empalamiento, murió de dolor, atravesada. Los medios hacían eco de la noticia con morbosidad e incumpliendo todos los derechos en relación a la intimidad e identidad de la adolescente; se especulaba, se hablaba de trascendidos, de su vida privada, se mostraban imágenes que sacaban de sus redes sociales, se la estigmatizaba aplicando el sentido común para crear contenido en torno a los hechos. 

El movimiento feminista organizó un paro en contra de todas estas impunidades que se iban instituyendo y se volvió a salir a la calle en diciembre del 2018 después de conocer que los tres acusados fueron absueltos por la muerte de Lucía y que dos de ellos cumplirán condenas por tenencia y venta de drogas, lo que parece ser un delito más grave que cualquier otro. 

En un contexto donde el gobierno actual asumió bajo el lema, repetido durante toda su campaña como punto fuerte, de “combatir al narcotráfico” y cuando las acciones más viralizadas de la Ministra de Seguridad tienen que ver con quema de drogas, incautaciones, armas nuevas y más potentes como modo de solucionar lo que sucede. La ilegalidad de las sustancias se tornó la coartada de muchas acciones, no sólo discursivas y estigmatizantes sino también punitivas y de asignación de partidas presupuestarias en esta línea que criminaliza y mata.

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La justificación

En cuanto a la sentencia que elaboraron los jueces Aldo Daniel Carnevale, Pablo Javier Viñas, Juan Facundo Gómez Urso, en cada una de sus páginas leemos cruces de estigmas múltiples que habitan el sentido común, una mujer, adolescente y adicta, presentada como cuerpo vicioso, como cuerpo sobre el cual "nunca se sabe" porque en las adolescentes el deseo siempre es algo inabarcable y extraño. El fallo son 66 carillas que buscan en las sustancias ilegales y en el comportamiento de Lucía una justificación que permita decir que ella murió por su propia voluntad, consintiendo su muerte por ser como era, por hacer lo que hacía, por desear lo que deseaba: “Todo fue en un marco de normalidad y naturalidad, todo fue perfectamente querido y consentido por Lucía Pérez” afirma la sentencia.

El fallo es un relato de la vida de Lucía, de su forma ser. “Con respecto a la situación de vulnerabilidad de Lucía, la Dra. Solari señaló que la misma tenía más de 20 faltas en el colegio por haberse quedado consumiendo estupefacientes, que tenía relaciones con todos aquellos que le gustaban”, “ante una propuesta de su amigo para que comience a salir de su casa de "joda", Lucía le responde que no quiere eso y que prefiere estar en su casa con su porro, sus puchos y su reggae”, “Lucía tenía una personalidad que distaba mucho de ser sumisa". Alegan consumo, falta de sumisión, ausencia en la escuela como si eso fuese un atenuante o explicara por si sólo que sucedió. Asumen punto por punto que “(…) no existió ninguna situación de dominio, que Lucía solo tenía la situación de vulnerabilidad propia de una adolescente y que la diferencia de solo 7 años entre ellos no coloca a Farías en una situación de superioridad, más aún con la historia vital de este último”. 

En esta misma línea los jueces se formulan esta pregunta “¿Se encontraba Lucía en una situación de dependencia a los estupefacientes de tal magnitud que le imposibilitaba dirigir su voluntad hasta el extremo de mantener relaciones sexuales a cambio de ellos?” respondiéndose que “de las conversaciones mencionadas (chats) surge claramente que Lucía tenía relaciones sexuales con quien y cuando quería”. “Asimismo y con relación no solo a la fuerte personalidad de Lucía, sino también a su voluntaria elección de los hombres con los que tenía relaciones”, una nueva inyección de sentido común que estigmatiza el uso de drogas, el deseo, el supuesto carácter fuerte.

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En muchos párrafos de la sentencia se habla del consentimiento como si esto fuese algo que sucede de ante mano, “no existió ningún abuso sexual seguido de muerte, se trató de una relación consentida entre dos jóvenes que se gustaban y que la causa más probable de la muerte fue una asfixia tóxica” alega la defensa y confirman los jueces. “Esas relaciones no fueron libremente consentidas por Lucía Pérez, entendiendo que ello no fue así porque se trataba de una adolescente, sin ingresos propios, con problemas de consumo a modo abusivo de cocaína y a la que Farías le había vendido estupefacientes” incluso quienes acusan ponen el acento en el consumo de Lucía como traba fundamental en el momento de poder o no consentir un encuentro sexual. “La niña Lucía si bien era habitué al consumo de sustancias prohibidas, especialmente marihuana y cocaína (…) no estaba en situación de calle o de otro tipo de vulnerabilidad. Estaba inserta en un hogar bien constituido, vivía con sus padres y hermano, estaba escolariza”, se van sumando argumentos que además de vulnerar derechos y profundizar la naturalización de la muerte de Lucía basándose en un mirada estigmatizadora no esclarecen en nada qué sucedió. 

Pedagogías de la crueldad

Dar por hecho que Lucía consintió es parte de las pedagogías de la crueldad que se siguen efectuado sobre los cuerpos de las mujeres. Sumado a ello, en la sentencia no hay claridad sobre aquello que los peritos forenses pudieron determinar, se establece que las lesiones que presentaba su cuerpo podían ser anteriores porque las prácticas sexuales de ella distaban mucho de ser las esperabas para “alguien de su edad” se quiere dar a entender que “ella sabía lo que hacía” y la culpabilizan por sus propias acciones. Afirman que “puede visualizarse claramente el grado de autodeterminación que tenía Lucía: ya que le contó a Esteban que había tenido unas malas experiencias (un par de flash feos dijo) cuando había concurrido a la casa de un proveedor de drogas y este sujeto había querido abusar sexualmente de ella, habiéndose negado y vuelto con mal ánimo para su casa” explicitan como si este punto diera a entender que ella entendía a lo que se enfrentaba y que si escapó de un violador podría haber escapado de Farías y que si no lo hizo fue porque claramente él actuó en todo momento bajo el sí de ella, como si por haber consumido dragas el "no" pudiera diluirse o confundirse o ser simplemente otra cosa, un falso ni.

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Un fallo que culpabiliza y revictimiza

Rita Segato desarrolla la idea en relación a las violaciones como modo de disciplinar al cuerpo colectivo de las mujeres y como modo de permitirle a la estructura masculina seguir desplegándose donde violar es un acto que revalida la pertenecía y de fines pedagógico. Luciana Peker afirma que “los Femicidios en Argentina y Latinoamérica no son cabos sueltos, muertes aisladas, violencias perdidas. Son la ofensiva de la crueldad contra la autonomía de las que ya no bajan la cabeza, ni resignan su propia llama”. En este caso, la crueldad no terminó sobre el cuerpo de Lucía, se hace extensivo al de cada mujer. En cada palabra, cada sentido y representación de esta sentencia se profundizan las crueldades culturales y pedagógicas sobre la vida de las mujeres, sobre las adolescentes, sobre las usuarias de drogas, sobre quienes desean ejercer una vida sexual activa más allá de una pareja estable. 

La sentencia de los jueces, los alegatos, los medios se hicieron eco del refuerzo de estigmas que no nos ayudan en nada a comprender la complejidad de lo que sucede. El fallo culpabiliza y revictimiza a Lucía en su lugar de usaría de drogas, haciéndolo extensivo porque no son simplemente letras escritas en un papel, tienen detrás toda la legitimidad del poder judicial, del sentido común, del modo que lo legal se estructura y en este caso lo hace estigmatizando el uso de drogas, la figura de las adolescentes, de las mujeres y sobre todo su decisión, sus deseos, sus placeres y su consentimiento. 

La sentencia pretende dar a entender que quienes consumen cocaína o marihuana (sustancias sobre las que aborda) no saben cuidarse se exponen a situaciones que se les van de las manos, se lastiman y hasta tienen la voluntad de consumir hasta morir.  Determinan que “la cocaína no es un narcótico, es un estimulante, no está clasificado dentro de los narcóticos ni dentro de los alucinógenos, es estimulante hacía arriba no narcótico (…)lo único desviado es el no tener miedo, no percibir riesgos, no hay dimensión de valorar que tal vez puede morir por eso" poniendo el foco en la sustancia y dejando de reconocer que en cada organismo hay efectos y vivencias diferentes y que no se pueden extrapolar sustancia y resultado como un causa y consecuencia. 

En la sentencia también agregan descripciones totalizantes y generalizaciones en relación a actos que supuestamente están asociados al consumo de sustancias: "la gente no se muere por fist-fucking... se describe como práctica asociada a cocainómanos, en la práctica asistencial a las guardias llegan personas que se introducen botellas, desodorantes, mortadelas, celulares y que hay que sacarlas quirúrgicamente porque el esfínter interno no permite la expulsión”, el trabajo por reducir los estigmas es arduo y más cuando los médicos y los jueces se juntan entre ellos para avalarse las verdades mutuamente.

El fallo da a entender que Lucía no pudo medir sus actos en relación a los riesgos, que no se cuidó. Además de representar una imagen infantilizada, falsa, estigmantizante ante el consumo esta sentencia no hace responsable a nadie por el hecho, se borran culpas y cargos poniendo el foco en la palabra “cocaína” como el gran mal por sí solo, no reconociendo la posibilidad de realizar prácticas de cuidado durante el uso de drogas. Dejando de lado que decir no es decir no aunque haya consumido, no es no aunque este pasada, no es no siempre: en cualquier contexto, acá no hay espacios para la ambigüedad. Consumir drogas no es una forma desviada de consentir violencias, los jueces lograron cargar sobre la sustancia el femicidio de Lucía. Se sentenció corriendo el foco, se tramaron coartadas en un juego de luces y sombras que intentan ocultar bajo los rastros de cocaína en la nariz de Lucía, detrás del hilo de sangre que describen los peritos, la explicación de su muerte, prendemos la luz decimos que fue femicidio que las drogas no son coartadas válidas de consentimiento, ni chivos expiatorios. Y que si tocaron a Lucía nos tocaron a todas.

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