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Fútbol, ferrucas y pasión obrera

Especiales 19 de septiembre de 2019 Por
Esos bravos guerreros que salían del trabajo a jugar “Pata Bola”, le ofrendaban el primer triunfo en su historia a Rosario Central. Nacía, también, el fútbol rosarino. Desde los arrabales, en las márgenes noroeste de la ciudad, al lado de las vías y de las mismas entrañas de su pueblo. El sueño de esos humildes obreros, como la pelota, echaba a andar.

Por José Luis "pepe" Berra/ Periodista e historiador. 

Desde mediados del siglo XIX, la libre navegación de los ríos interiores de la Confederación Argentina permitió que una humilde villa, nacida como posta del Camino Real, empezara a desarrollarse a partir de una ventaja natural: la estratégica ubicación de su puerto para abastecer de granos y carnes a la vieja Europa.

Inmediatamente, le siguió el tendido de las vías del ferrocarril que garantizara el traslado de las cargas. Ese complejo ferro-portuario trasformó definitivamente la apacible vida de la entonces Villa del Rosario.
Pero esos barcos, que llegaban cargados de materiales férreos y se iban llenos de cereales, traían consigo algo más que una transacción comercial. El fútbol llegó por el Paraná.


Hacia 1863, el football en Inglaterra se había separado definitivamente de su hermano el rugby y el nuevo deporte hacía furor entre las capas populares. Por esos mismos años, el vapor Englishman amarraba en el puerto rosarino trayendo los primero rieles y al personal técnico y obreros especializados de lo que sería el futuro ferrocarril Central Argentino.

Desde su bar de la calle de la Aduana (hoy Maipú), el bolichero Williams, se divertía viendo como pateaban la pelota de un lado a otro y deliraban al grito de “¡¡¡Goal!!!”. Quedó fascinado con el nuevo juego que practicaban los marineros en sus horas de descanso e incentivó a los parroquianos a jugar como “esos ingleses locos”.

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Sin embargo, el fútbol era un pasatiempo fundamentalmente de marineros y obreros ferroviarios británicos. La sociedad rosarina, por esos tiempos, se interesaba más en el cricket, la pelota vasca, el turf o las corridas de toros.

En el campo de deportes del Rosario Cricket Club –hoy Colegio San José-, de la calle Salta entre la del Buen Orden (España) e Independencia (Pte. Roca), se dieron los primeros picados informales. Recién con la inauguración del FF.CC. Buenos Aires, se oficializaron dos encuentros en los que los rosarinos vencieron a los porteños, de visitantes y de locales, por el mismo score: 2 a 0.

Para el año 1889, este club pasa a tener su actual denominación de Club Atlético del Rosario y se traslada al terreno donado por los hermanos Jewell, donde reside actualmente.


En octubre de ese mismo año, los trabajadores del ferrocarril Central Argentino comienzan a reunirse en el almacén bar (hoy avenida Alberdi 23 bis) del complejo ferroviario, ubicado en el camino hacia el Arroyito, para darle forma al primer club enteramente de fútbol. El martes 24 de diciembre, en la víspera de la navidad, unos setenta ferroviarios al finalizar sus tareas se dan cita en el lugar y, entre tragos y discusiones, deciden conformar el Central Argentine Railways Atlethic Club, que será presidido por el escocés Collin B. Calder, sus socios serán únicamente trabajadores y empleados del ferrocarril y los colores de su casaca, el rojo y blanco.

Nacimos entre los obreros 

Nacido entre los obreros y en el barrio de los Talleres; este club de ferrucas, en el amanecer del siglo XX, tomará el nombre de la ciudad: Rosario Central. Adoptará definitivamente los colores azul y amarillo y abrirá sus puertas de asociados a todos los rosarinos, creciendo rápidamente su adhesión en los sectores populares.

Por ser un club exclusivamente futbolero no tenía rivales en la ciudad. Solo a veces se cruzaban en alguna disputa con los pitucos de Plaza Jewell. Tal es así que cuentan que Thomás Hooper, uno de los fundadores, al terminar las tareas en los talleres, andaba incitando a los muchachos: “Hoy Pata Bola”, los convocaba en una rudimentaria traducción al español. A metros de las vías, en lo que se conocía como Villa Sanguinetti (hoy cruce Alberdi), esos laburantes-jugadores desmalezaron un terreno baldío, con troncos montaron los arcos y de un vagón abandonado levantaron el primer vestuario.

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Corría el año 1890. El puerto y el ferrocarril también trajeron a Rosario otras diversiones más carnales. La muchachada se repartía entre la Maison Doree, uno de los prostíbulos pioneros de los muchos que poblaron la ciudad en los años subsiguientes, y dos salones de baile, el Apolo y el bar Variedades, que eran denunciados por la prensa más mojigata como antros de vicios y visitados por señoritas “non sanctas”.

Los obreros, en el lluvioso 1º de mayo de ese año, recorrían en manifestación por primera vez las calles de la ciudad y comenzaban a sentar las bases de la organización sindical, con comités constituidos por nacionalidades y un comité central formado por los miembros representantes de cada colonia obrera, bajo el lema de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”. El ferrocarril Central Argentino emitía un comunicado donde denunciaba el pago frecuente de las cargas con cuasi monedas, “billetes atorrantes de Córdoba y otros de Tucumán de emisión clandestina y desvalorizados”. Advertía que “perdían un 20 a 40 por ciento” de su valor nominal y que por tal motivo todas las cargas debían ser abonadas al ser enviadas en la moneda de uso nacional. Mientras tanto, los radicales de Alem amasaban la fallida Revolución del Parque.

Así estaban las cosas en Rosario en ese mayo de 1890, cuando William Mulhall andaba recorriendo los muelles para encontrar contrincantes de la flamante institución. Finalmente dio con los marineros de una embarcación atracada en el muelle de Comas (algunas crónicas dicen que se trataba del buque de la armada británica Beagle*) dispuestos al desafío. Se estima que aquel primer partido se jugó en las inmediaciones de la Bajada Sargento Cabral y ante un público estimado en 40 personas. Fue empate en uno. El once canalla – en ese tiempo conocido como Talleres por el barrio y lugar de trabajo de sus jugadores- alistó: F. Barton; J. Postell y G. Camp, J. Muskett, J. Barton y T. King; L. McLean, T. Muskett, M. Green, L. Mc Intock y H. Hooper. Pocos días después tuvo lugar la revancha, donde el equipo rosarino se impuso por 2 a 1.


Esos bravos guerreros que salían del trabajo a jugar “Pata Bola”, le ofrendaban el primer triunfo en su historia a Rosario Central. Nacía, también, el fútbol rosarino. Desde los arrabales, en las márgenes noroeste de la ciudad, al lado de las vías y de las mismas entrañas de su pueblo.


El sueño de esos humildes obreros, como la pelota, echaba a andar.

* El HSM Beagle, de la marina real británica, en uno de cuyos viajes llegó a nuestro país Charles Darwin, fue vendido para desguace en 1870. Por lo cual es improbable que haya amarrado en el puerto rosarino 20 años después. Seguramente, algunos de los marineros hayan sido en su momento tripulantes del Beagle. De ahí la confusión.

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